Andar con Dios

Los primeros capítulos del libro del Génesis mencionan a un enigmático personaje: Henoc. Aunque no sabemos mucho sobre él, cabe suponer que en la época de Jesús era harto conocido, ya que la epístola de San Judas alude a una profecía recibida por Henoc (Judas 1:14-15). Este patriarca fue padre de Matusalén, el personaje bíblico más longevo (Génesis 5:27). El dato más interesante sobre Henoc que nos ofrece la Biblia se encuentra en Génesis 5:24: “Henoc anduvo con Dios, y desapareció porque Dios se lo llevó.”

“Anduvo con Dios”. ¿Qué sugiere esa frase?

Andar con Dios refleja armonía. “¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?” (Amós 3:3). Cuando caminamos con alguien, generalmente lo hacemos codo a codo. Procuramos no adelantarnos ni rezagarnos. Aprender a andar al ritmo de Dios es una aventura de toda una vida.

Andar con Dios significa también tener comunión con Él. Muchos grandes pensadores y escritores como Azorín, Henry David Thoreau, Ralph Waldo Emerson, Antonio Machado y Søren Kierkegaard solían dar paseos contemplativos. Adán y Eva comulgaban a diario con Dios paseando por el Edén (Génesis 3:8).

Andar con Dios es un modo de vida. La Biblia nos exhorta a andar “en el amor como Cristo os amó y se entregó por nosotros” (Efesios 5:2). Nos indica asimismo que andemos por fe, no por visión (2 Corintios 5:7), que andemos honestamente (1 Tesalonicenses 4:12), que andemos en la verdad (3 Juan 4), que andemos en luz (1 Juan 1:7) y que andemos sabiamente (Colosenses 4:5). Y todo lo anterior queda resumido en el versículo que nos aconseja que simplemente andemos en Cristo (Colosenses 2:6).

Sobre la vida de Henoc, se escribió en la epístola a los Hebreos: “Por la fe, Henoc ascendió al cielo sin morir, desapareció porque Dios se lo llevó; porque antes de ser llevado, lo conocían como una persona que agradaba a Dios” (Hebreos 11:5). Tanto agradaba Henoc a Dios que por lo visto un día se fue caminando con Él derechito al Cielo.

Una vida agradable a Dios es una vida sencilla caminando en comunión con nuestro Creador, hasta el día en que concluyamos nuestra peregrinación por este mundo y lleguemos sanos y salvos a nuestro hogar celestial.

Fuente: Sally García

 

 

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