¡Bienvenido, julio!

El mes de julio ya está aquí, ya llegó casi sin avisar; sin embargo, son muchos los que anhelan su llegada porque supone tiempo de descanso, vacaciones, playa, familia, etc.; y para muchos otros, también es tiempo de misión.

La evangelización no es algo que hacemos sino algo que somos, forma parte de nuestra identidad y está inserta en el “código genético” de la Iglesia, la comunidad de los discípulos misioneros, como le gusta decir al Papa Francisco. Por eso es que la evangelización es una actitud y una misión permanente que no tiene vacaciones, como el amor no puede tener vacaciones; siempre estamos llamados a amar. La mejor manera de amar a Dios y de expresar nuestro amor al prójimo es precisamente llevando la Buena Noticia de Jesucristo a los demás y anunciando el Reino de Dios, “a tiempo y a destiempo” (2 Timoteo 4:2).

Si el estrés ha estado demasiado presente en tu agenda, también es tiempo de deshacerte de él para ser capaces de volar alto como las águilas. Siempre estamos llamados a ir a los pies del Señor para descansar nuestras cargas (Mateo 11:28) y encontrar ese sosiego que nos renueva y nos envía al mundo. Como alguien decía, no olvides que el estrés no es algo que nos sucede; es nuestra reacción ante lo que sucede y esa reacción es optativa.

Elige vivir este tiempo en plenitud para que otros también puedan descubrir esa vida nueva y auténtica que Jesús ha venido a darnos:

“Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.” (Juan 10:10)