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Una cuestión tan importante como es la muerte, plantea muchos interrogantes:

¿Por qué debemos morir? ¿Qué sucede cuando morimos? ¿Qué hay de nuestros seres queridos fallecidos?

Dios le explicó al primer hombre lo que le sucedería al morir: “Eres polvo y al polvo volverás” (Génesis 3:19). Adán no existía antes de que Dios lo formara “del polvo del suelo” y le diera “aliento de vida” (Génesis 2:7).

Sin embargo, aunque sabemos que la muerte es consecuencia del pecado y todos debemos pasar por ella (Romanos 5:12), también sabemos y tenemos la seguridad de que no es el final del camino. Hemos sido creados para vivir por siempre en la eternidad. Charles Chaplin dijo: “Nada es permanente en este loco mundo, ni siquiera nuestros problemas”.

La Biblia afirma que Dios “ha plantado eternidad en el corazón de los hombres” (Eclesiastés 3:11). Esta vida no lo es todo, nuestra vida aquí en la tierra es como una asignación temporal. La Biblia compara la vida en este mundo con una peregrinación en un país extranjero; este no es tu hogar permanente o tu destino final. Estamos aquí de paso porque nuestra identidad está en la eternidad y nuestra patria definitiva es el cielo (Filipenses 3:20).

Tu relación con Dios en la tierra determinará el tipo de relación que tendrás con Él en la eternidad. Tristemente, muchas personas tendrán que pasar la eternidad sin Dios porque eligieron vivir sin su amistad en la tierra. Cuando llegamos a comprender que la vida es más que vivir el aquí y el ahora, entonces comenzamos a vivir de una manera diferente.

El aspecto más dañino de la vida contemporánea es la mentalidad a corto plazo. La vida es mucho más que vivir solo el momento; por eso, cuando vives a la luz de la eternidad, tus valores cambian y tus prioridades se reordenan. Dios nos ha mostrado algunos destellos de la eternidad en su Palabra; sabemos que ya está preparando un hogar definitivo para nosotros, nos volveremos a encontrar en el cielo con nuestros seres queridos que vivieron la amistad con Dios, seremos liberados de todo dolor y sufrimiento, y nuestra fidelidad se verá recompensada por la eterna compañía de Aquel que nos creó por amor.

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