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En relación con esta importante cuestión, muchas personas se preguntan:

¿Por qué nadie está libre de sufrir, incluyendo los creyentes? ¿Es Dios el culpable? ¿Por qué lo permite?

La Biblia nos enseña que el sufrimiento no formaba parte del propósito de Dios para el hombre. Lo que sucedió fue que nuestros primeros padres se rebelaron contra la autoridad divina y decidieron fijar sus propias normas sobre lo bueno y lo malo. Le dieron la espalda al Creador y pagaron las consecuencias.

Hoy todos experimentamos los efectos de esa mala decisión. Dios no es el causante ni el culpable del sufrimiento, sino el pecado del hombre; es decir, el hecho de rebelarnos en contra de Aquel que nos ha creado y así frustrar su plan en nosotros. Nuestra libertad o libre albedrío manifiesta que el amor de Dios por nosotros es veraz y auténtico.

De ahí que la Biblia declare: “Cuando alguien se vea probado, que no diga: ‘Dios me somete a prueba’. Pues Dios no puede ser sometido a prueba por el mal, ni somete a prueba a nadie. Cada uno es tentado por sus propios malos deseos” (Santiago 1:13-14).

¿Sabes por qué las personas cometen el error de culpar a Dios de los sufrimientos? En muchos casos es porque se cree que Él es quien gobierna en nuestro mundo, sin caer en la cuenta de que le hemos echado fuera de nuestra vida y de nuestra sociedad con el mal uso de nuestra libertad. La Biblia dice claramente que “el mundo entero está bajo el poder del Maligno” (1 Juan 5,19). Esto explica muchas cosas, ya que este mundo refleja demasiadas veces la acción del “que se llama Diablo y Satanás, y que engaña a toda la tierra” (Apocalipsis 12,9).

Sin embargo, también es cierto que nada sucede sin que Dios lo permita y en todo interviene para nuestro bien (Romanos 8:28), ya que Él es el único que es soberano de todo. Cada día que vivimos es un regalo que recibimos y una gran oportunidad que se nos brinda para utilizar nuestra libertad de la mejor manera. Es como si pusieran en nuestras manos una hoja en blanco para que decidamos lo que queremos escribir en ella.

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