Dios está conmigo y no temo

Esto es lo que puede afirmar con entereza un jóven sirio de tan solo 20 años de edad que se hace llamar Tarek, bautizado hace relativamente poco tiempo.

Su padre y sus hermanos, musulmanes, le buscan activamente para matarle por convertirse al cristianismo. Hace 3 años que vive en Líbano, el país con mayor porcentaje de cristianos en Oriente Medio, y se prepara para marchar a Canadá, donde hay una parroquia que le está ayudando con sus papeles para poder acogerle como a un hermano en la fe.

En Siria, la policía le maltrató hasta fracturarle el cráneo y romperle un brazo, fue empujado a una celda de 9 metros cuadrados con otras 40 personas, y después tuvo que pasar 5 días en un hospital. Unos meses después fue secuestrado por una milicia islamista radical a las afueras de Damasco.

Tarek comenzó a interesarse por el cristianismo gracias a unos amigos cristianos que conocía y comenzó a recibir formación de un sacerdote, que le ayudó a crecer en la fe con gran interés y entrega. Cuando salió de su país y llegó a Beirut, continuó su formación durante otros dos meses antes de tomar la decisión de bautizarse.

El día que me bauticé, me pregunté si era una buena decisión. Pedía a Dios que me ayudara a entender qué debía hacer. Esa noche tuve un sueño. Yo oraba en lo alto de una montaña y todo el cielo se desmenuzó y oí una voz que decía: Dios está contigo, no tengas miedo.

Tarek no es un cristiano que quiere abandonar Oriente, es un exmusulmán al que buscan enérgicamente, por su nombre, para matarlo. En Irak y Siria, muchos cristianos han perdido sus hogares y pertenencias, pero no su nombre. Son cristianos y nada ni nadie podrán hacer que pierdan su fe en Jesucristo; nada ni nadie les podrá separar del amor de Dios, ni siquiera la muerte (Romanos 8:31-39).

Este es el testimonio de muchos cristianos que, como Tarek, hoy pueden afirmar con gran valentía: “Dios está conmigo y no temo”.

Fuente: ReL

 

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