El amor, camino por excelencia

¿Has pensado en todo lo que abarca la palabra amor? Hay muchas clases de amor, muchas facetas del amor.

El amor incondicional de una madre por sus hijos, y el amor y respeto de los hijos por sus padres. El amor de los hermanos o el de un gran amigo. El amor de un hombre por una mujer, que lo mueve a casarse con ella, convivir con ella día tras día, protegerla y cuidarla; y el que alberga una mujer por un hombre, por el cual está dispuesta a tener hijos con él y cuidar a su familia.

El amor de Dios abarca todo eso y más. Es total, porque “Dios es amor” (1 Juan 4:8). Se trata de un amor inconmensurable, ilimitado, perfecto y eterno. Solo en Jesús, la manifestación plena y definitiva del gran amor de Dios, podemos encontrar ese camino por excelencia que es el amor auténtico y verdadero. Cuando miras la cruz, descubres algo que te llena de gozo y agradecimiento sin fin; fue por amor a ti y ese amor no cambiará nunca.

En la Biblia, si existe un canto al amor conocido por muchos es el que encontramos en la primera carta del apóstol Pablo a los Corintios:

“El amor es paciente, es servicial; el amor no tiene envidia, no es presumido ni orgulloso; no es grosero ni egoísta, no se irrita, no toma en cuenta el mal; el amor no se alegra de la injusticia; se alegra de la verdad. Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo tolera. El amor nunca falla… Tres cosas hay que permanecen: la fe, la esperanza y el amor. Pero la más grande de las tres es el amor.” (1 Corintios 13,4-13)

No se trata de poesía ni de palabras bonitas únicamente; así es el amor de Dios y el amor que Él desea poner en nuestros corazones para que amemos al prójimo. Cuando le preguntaron a Jesús qué era lo más importante de todo, respondió de esta manera: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente. Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22,37-39).

Aquí está la solución fundamental para todos los problemas que aquejan hoy día a la humanidad, la solución que ofrece Dios en medio de una sociedad tan confusa y compleja como la de nuestro mundo actual. El amor no se nos ha dado para guardarlo, si es amor auténtico debemos entregarlo a los demás. Aquí está la revolución del amor de Dios manifestado en Jesús; es contagioso y por eso se convierte en el camino más excelente que se nos ha mostrado y revelado.

“Donde no hay amor, poned amor y encontraréis amor” (S. Juan de la Cruz). Como nadie puede dar de lo que no tiene, primero debemos permitir que Dios nos llene con su amor; solo así será posible extender este amor a los demás. El amor que nosotros mismos podemos fabricar es demasiado limitado y siempre se queda corto; sin embargo, el amor verdadero, infalible y desinteresado no proviene de ti. No lo puedes generar por tu propia capacidad o esfuerzos, ni haciendo de él un hábito, ni por tu conocimiento de cómo se debe amar. En Jesús tendrás esa clase de amor en abundancia que se extenderá a todos aquellos con quienes te relaciones.

“El fruto del Espíritu es: amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, lealtad, modestia, dominio de sí.” (Gálatas 5:22-23)

El amor del que estamos hablando, el que nos restaura y transforma nuestras vidas, y el único que puede cambiar el mundo es el fruto fundamental y más importante del Espíritu Santo que obra en nosotros. Debes acoger la invitación que Jesús te hace (Apocalipsis 3:20) para recibir el Espíritu Santo, la fuente del agua viva que saciará tu sed (Juan 4:10-14) y te capacitará para amar de verdad.

En la Última Cena, cuando Jesús se despedía de los suyos, les dijo: “En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros” (Juan 13:35). Los primeros cristianos revolucionaron el mundo con el amor de Dios que habían descubierto en Jesucristo (Hechos 17:6) y su manera de vivir convenció a sus contemporáneos de que la fe que profesaban era auténtica y verdadera.

Cuando Jesús dijo a sus discípulos que “nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos” (Juan 15:13), no hacía otra cosa que describir con nobleza la muerte que días después habría de padecer en la cruz para nuestra salvación. Los sucesos posteriores demostraron que estuvo dispuesto a entregarlo todo por nosotros, sus amigos. El amor y la amistad que Jesús nos ofrece son perfectos; ¿estás preparad@ para recorrer el camino más apasionante de tu vida? (sigue este enlace)

 

 

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