El barómetro del gozo

Cuando nosotros, los seres humanos, ponemos el corazón fuera de Dios, no hay gozo auténtico ni alegría verdadera que pueda permanecer a pesar de las dificultades y avatares de la vida. Y es que se nota cuando el gozo no está presente en nuestra vida, porque todo se complica y hasta pierde sentido lo que hacemos. Entonces nos agobiamos y comenzamos a vivir en un estado más o menos permanente de ansiedad y preocupación por cuanto nos rodea y forma parte de nuestro día a día.

“Por eso os digo: no estéis agobiados por vuestra vida pensando qué vais a comer, ni por vuestro cuerpo pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad los pájaros del cielo: no siembran ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos? ¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida? […] No andéis agobiados pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los que no conocen a Dios se preocupan por todas esas cosas. Ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. Buscad sobre todo el Reino de Dios y su justicia; y todo esto se os dará por añadidura.”  (Mateo 6:25-33)

Cuando somos capaces de cambiar nuestra escala de valores y reorganizamos las prioridades de nuestra propia vida, todo se vuelve más sencillo y las piezas del puzzle empiezan a encajar unas con otras. Al descubrir junto a nosotros a un Dios que es Padre, que se ocupa y se preocupa por nuestras cosas, comenzamos a ver la vida con ojos nuevos y llenos de luz y color. Cuando entendemos que lo mejor que podemos hacer en la vida es buscar el Reino de Dios y su justicia, entonces nos sorprendemos al comprobar que recibimos todo lo que podemos necesitar por añadidura.

¿Dónde tenemos puesto el corazón? ¿Cuál es el tesoro más importante por el que vivimos? La Biblia dice que “donde está tu tesoro, allí estará tu corazón” (Mateo 6:21). Cuando ponemos el corazón en “tesoros” de esta tierra que no vamos a poder llevarnos de aquí, debido a que tienen fecha de caducidad (Mateo 6:19-20), nuestra vida tiene que “danzar” demasiadas veces con la preocupación, la inquietud y la angustia. Sin embargo, cuando nos decidimos a confiar en Aquel que nos ha creado y que por amor nos ha dado la vida, el gozo y la alegría empiezan a dejarse ver en todo cuanto somos y hacemos.

“El gozo del Señor es nuestra fuerza.” (Nehemías 8:10)

Cuando el gozo de Dios nos acompaña estamos saludables por dentro y sale hacia fuera; se irradia a los demás e incluso se vuelve contagioso. No perdamos el gozo ni permitamos que nadie nos lo robe, porque la vida es muy corta para vivirla en blanco y negro, sin color y siempre con un tono grisáceo. Al vivir nuestra vida junto a Dios y para su propósito, llegamos a constatar que incluso en medio de los momentos más difíciles que se puedan presentar, la cercanía de Dios y la bendición del Señor siempre nos enriquece (Proverbios 10:22).

¿Cómo está el barómetro del gozo en tu vida presente? ¿Qué está marcando tu barómetro en el momento actual? No te conformes ni bajes los brazos, porque has sido creado para la vida en plenitud (Juan 10:10). Es verdad que llegará a su pleno cumplimiento en la vida eterna, pero comienza aquí y ahora…

 

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