El mejor remedio económico

En estos tiempos de crisis que nos toca vivir, ¿cuántas veces nos podemos sentir ahogados económicamente o en apuros para pagar nuestras deudas pendientes?

Aquí tienes algunos sencillos remedios, basados en principios bíblicos, que te pueden dar un empujón para salir adelante y la perspectiva adecuada para vivir más plenamente en todos los sentidos:

Confiar en Dios. Él desea proporcionarnos todo lo que necesitamos. “Dios proveerá a todas vuestras necesidades con magnificencia, conforme a su riqueza en Cristo Jesús” (Filipenses 4:19).

Conducirse rectamente, tanto en el terreno personal como en el laboral y profesional. Las bendiciones de Dios son condicionales. “Buscad sobre todo el reino de Dios y su justicia; y todo esto se os dará por añadidura” (Mateo 6:33). “Vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, por haber escuchado la voz del Señor, tu Dios” (Deuteronomio 28:2).

Practicar la generosidad. Eso incluye aportar para la obra de Dios y ser justo y generoso con las personas que dependen de uno. “Cada uno dé como le dicte su corazón; no a disgusto ni a la fuerza, pues Dios ama al que da con alegría” (2 Corintios 9:7).

Agradecer lo que ya se tiene. “Ofrezcamos continuamente a Dios un sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de unos labios que confiesan su nombre” (Hebreos 13:15).

Administrar prudentemente los bienes que uno tiene y planificar. Dios espera que seamos buenos custodios de lo que nos ha encomendado. “Los planes del diligente traen ganancia” (Proverbios 21:5). “Ve a observar a las hormigas […] Se esfuerzan todo el verano, juntando alimento para el invierno” (Proverbios 6:6.8).

Economizar y no malgastar. “La vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee” (Lucas 12:15).

Ajustarse a un presupuesto, no gastar dinero que no se tiene en cosas atractivas pero no indispensables. Contraer deudas pensando solo en el presente, con la esperanza de que mañana logremos pagar lo adeudado, puede llevarnos a la ruina. “El que toma prestado es siervo del que presta” (Proverbios 22:7).

Hacer lo que se puede y confiar en que Dios hará lo demás. “Manos perezosas generan pobreza; brazos diligentes, riqueza” (Proverbios 10:4).

Persistir en oración. A veces Dios permite que pasemos aprietos económicos para que nos acerquemos a Él, lo incluyamos más en nuestras actividades cotidianas y aprendamos a depender más de Él. Dicha dependencia se traduce en oraciones fervientes. Si rogamos de todo corazón, Dios promete actuar en nuestro favor. “Me buscaréis y me encontraréis, si me buscáis de todo corazón” (Jeremías 29:13).

Fuente: Alejandro Pérez

 

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