¿El peligro del Islam?

El Corán y las tradiciones Al-Hadith son el patrón para toda la cultura islámica, y nadie, excepto Mahoma, puede ser el portavoz de Alá. Los musulmanes no tienen ningún derecho a encontrar explicaciones a los problemas de la vida y todos tienen que someterse al Corán. En contraposición, Jesús hizo a sus discípulos testigos oculares y portadores de Su propia revelación. Muchos cristianos han experimentado y experimentan el amor misericordioso de Jesús y se convierten en sus fieles discípulos viviendo en la voluntad de Dios. La Iglesia es el cuerpo de Cristo en el que la cabeza y los miembros presentan la unidad de acción. En su oración entran en contacto directo con Dios.

¿Dónde se encuentra el peligro del Islam?

Es cierto que la religión musulmana es la más próxima a la revelación judeo-cristiana por sus dogmas, su moral, su naturaleza histórica, por poseer supuestamente un libro sagrado y por su pretensión de estar en continuidad con el judaísmo y el cristianismo. Pero justamente esta pretensión es un perfecto designio de sustituir al cristianismo. Mahoma se presenta como el último de los profetas, el que ha recibido la definitiva revelación de Dios y que, por tanto, viene a anular la revelación judeocristiana. Abraham, Moisés y Jesús, son presentados como grandes profetas, pero solo como precursores de Mahoma. No es con Jesucristo, sino con Mahoma, con quien llega la plenitud de los tiempos y la suprema revelación de Dios. Para defender tal postura, Mahoma ha de negar, por supuesto, el pecado original —con lo cual nos quedamos sin respuesta para explicar el origen del mal— porque no puede aceptar la necesidad de la redención, ya que ello supondría reconocer a Cristo como liberador del pecado y de la muerte.

Mahoma, como todo racionalista, no puede entender ni aceptar el misterio de la cruz y de la resurrección, centro de la predicación cristiana y clave interpretativa de la historia y de la realidad humana.

Cristo ha amado al hombre y ha entregado su vida por nosotros, ¿qué ha hecho Mahoma a favor de la humanidad? Traer al mundo una filosofía, en muchos aspectos denigrante de la persona humana y una religión positivista y sin fundamento que esclaviza a sus adeptos y los somete a los caprichos de un Dios lejano que no conoce el amor.

El Islam es una aproximación, o como diría San Juan Damasceno, buen conocedor del mundo islámico, una herejía cristiana que busca suplantar al cristianismo. Mahoma, que se autoproclamaba continuador de la revelación bíblica, se muestra ignorante de muchos de sus principios, fruto de su escaso conocimiento de la Escritura y de la visión deformada que recibió de la misma.

Simplificación de los dogmas cristianos

El musulmán es fideísta en cuanto a sus dogmas, es decir, que considera que a Dios no se puede llegar por la razón sino solamente por la fe. Acepta sin más sus postulados sin someterlos a crítica, abominando de cualquier recurso a la razón. En esta simplicidad está, a mi parecer, su fuerza y su peligrosidad, porque no deja lugar a matices ni interpretaciones: se acepta o rechaza, y uno se convierte automáticamente en creyente o infiel: quien la rechaza o es un loco o un impío, con las consecuencias que son de prever.

Teológicamente, lo que ha hecho Mahoma es una simplificación de los dogmas cristianos suprimiendo todo lo que molesta a la razón. Como han hecho posteriormente todos los racionalistas, renuncia a toda metafísica, incapaz de aceptar una comprensión del mundo que encuentra su última respuesta en la revelación de Jesucristo. Su comprensión de Dios se ajusta a lo razonable. En definitiva, no ha hecho sino seguir el camino de todas las herejías cristianas, cuyo denominador común se encuentra en el intento de hacer comprensibles y digeribles los misterios cristianos a la razón humana para una mejor aceptación y acomodación al mundo. Ese fue el intento de Arrio al desmontar el misterio de la Trinidad, negando la divinidad de Cristo.

Esta simplificación de los dogmas cristianos suprimiendo aquellos misterios que molestan a la razón, motiva que se presente el Islam como más racional y más fácil, en una especie de “competencia desleal” contra el cristianismo. Al rechazar el misterio de la cruz, basta el cumplimiento de los cinco preceptos del Islam, creando una falsa seguridad de salvación a sus adeptos. El Islam pasa a ser una religión de tipo gnóstico ya que el hombre se salva a sí mismo por el cumplimiento de ciertos preceptos, convirtiendo en inútil la acción de Dios en la historia y la redención de Cristo. La postura de Mahoma entra, por tanto, en contradicción con la tradición judeocristiana que él afirma continuar y llevar a plenitud.

Pero no solamente contradice al cristianismo sino que impide su expansión. El musulmán está vacunado contra el cristianismo, puesto que conoce a Cristo bajo el filtro que pone Mahoma, aceptando, sí, que es un gran profeta, pero desestimando la realidad divina de Cristo y su resurrección. Para los musulmanes, están equivocados los judíos y los cristianos, lo que les convierte en infieles por no abandonar sus falsas concepciones; por ello deben ser combatidos por todos los medios, hasta que reconozcan la “verdad” del Islam o se conviertan en dimmíes, protegidos, con sus derechos menoscabados y a merced de la arbitrariedad musulmana. Situación que se torna irreversible, como nos muestran los coptos en Egipto o las minorías cristianas antiguas en el Medio Oriente.

Por tanto, quienes forma parte de los llamados “las Gentes del Libro”, son combatidos, perseguidos y sometidos. Para ellos solo caben dos opciones: conversión o muerte. En lo que respecta a los propios musulmanes, la única opción es perseverar en sus creencias, pues de lo contrario les espera la pena de muerte. Por lo que la posibilidad de conversión a otra religión o el mero ateísmo resulta impensable para un musulmán. Este es el objetivo del Islam: jihad para los no “creyentes”, conversión o sometimiento para los “infieles”, la muerte social y física para los posibles renegados y apóstatas.

Profundas ambigüedades

El Islam se presenta, pues, como una aproximación al cristianismo, al que no reconoce haber imitado, y al que busca suplantar, presentándose como la religión auténtica. Esta fue la intención de Mahoma y sigue siendo la intención de sus adeptos. Detrás del Islam no está Dios; Mahoma no ha recibido ninguna revelación divina, pues Dios no puede contradecirse a sí mismo y, si admitimos que las revelaciones a Moisés y a Cristo son auténticas, las de Mahoma, puesto que contradicen a las anteriores, no pueden serlo. Y si no provienen de Dios, ¿de quién entonces?

Alguien podrá pensar que, a fin de cuentas, el Islam es una especie de aliado en contra del laicismo ateo que domina en el mundo occidental, o bien que entra dentro del designio providencial de Dios para corregir y estimular a los cristianos, incitándoles a vivir con mayor autenticidad su fe. Cierto que todo encaja dentro de los planes de la Providencia, que sabe sacar bien del mal, pero esto no significa que el instrumento del que Dios se sirve sea bueno en sí mismo. El Señor se sirvió de Babilonia para purificar el desvarío del pueblo elegido, llevándolo al Destierro. Allí se purificó la fe de Israel y acabó siendo un bien para el mundo, pero esto no quita el hecho de la crueldad de los caldeos y la tragedia del Exilio. El Islam es un acicate y un recordatorio a la tibieza de nuestro cristianismo para defender la primacía de Dios en nuestra vida.

Muchos defienden, y esta es la postura oficial de la mayor parte de los dirigentes occidentales, que el problema no está en el Islam como tal sino en ciertas desviaciones fundamentalistas del mismo, pero habría que ver si las supuestas “desviaciones” lo san tales o responden a los principios del Islam si se toman en su radicalidad. Se lo podríamos preguntar a algún musulmán. Magdi Allam, egipcio de nacimiento y convertido al cristianismo en Italia, afirma que, después de muchos años intentando defender la existencia de un Islam moderado, reconoció la imposibilidad de salvar el Islam en sí mismo, puesto que lo que se sigue de sus principios no va en la línea de la defensa de los derechos y de la dignidad humana, sino todo lo contrario. El mismo autor confiesa que uno de los motivos que incidieron en su conversión fue, precisamente, el hecho de haber sido amenazado. Esto le obligó a reflexionar no solo sobre la realidad del extremismo islámico sino también sobre el Islam como religión.

Analizando el Corán y la obra y pensamiento de Mahoma descubrió que hay profundas ambigüedades que permiten legitimar la violencia y el terrorismo. Por otro lado, sigue diciendo, hay que distinguir al Islam como religión y a los musulmanes como personas. Con todo, advierte, el problema radica en que vivimos en una Europa enferma de relativismo y sometida a lo políticamente correcto. Entonces hay que decir que todas las religiones son iguales, prescindiendo de sus contenidos, y no hay que hacer nada que pueda hurtar la susceptibilidad de los demás. Pero una cosa es el insulto gratuito al estilo de Charlie Hebdo y otra muy distinta, la libertad de expresión de manifestar lo que uno piensa. (M. ALLAM, Vencer el miedo, Madrid, Encuentro, 2008, 177-178).

Es necesario el diálogo con el Islam pero sin falsos optimismos. Podemos llegar a acuerdos con ellos en materias en la que pueda haber convergencia, como en la defensa del la vida del no nacido, por ejemplo, pero siendo conscientes de que no podemos estar de acuerdo en las cuestiones de fondo. Por otro lado, es necesario defender la necesaria reciprocidad exigiendo de ellos en sus países, lo mismo que ellos reclaman en los nuestros, manteniéndonos firmes sin ceder en estos casos. Cierto que no somos como ellos y no vamos a coartar su libertad para ejercer su religión, pues ello iría en contra de la propuesta cristiana y de nuestra fe en Dios que ama y deja libre a su criatura, pero se puede ejercer una justa presión como en las licencias para construir mezquitas, por ejemplo. Sobre todo cuando son financiadas por ciertos países que de ninguna manera permiten, no solo que se construyan iglesias en sus territorios sino que prohíben la libre manifestación de la fe cristiana a los emigrantes que viven entre ellos. Habría que tener especial cuidado en dar autorización para construir mezquitas.

Fuente: Buena Nueva

 

 

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