El secreto

¿Quién no ha oído hablar, ha leído o ha visto en el cine películas como El código da Vinci o Ángeles y demonios que tratan acerca de supuestos secretos que ahora han sido revelados? ¿Quién no ha escuchado algo, aunque sea de refilón, sobre El secreto y la ley de atracción?

Si hablamos de secretos o, mejor dicho, del secreto por antonomasia, es sin duda alguna aquel que tiene que ver con un plan que Dios ha tenido escondido durante siglos y que ha sido manifestado ahora (Efesios 3:3.9). Se trata del “misterio de Cristo, que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas” (Efesios 3:4-5).

El secreto consiste en que todos los hombres y mujeres son llamados a la salvación que Dios nos ofrece en Cristo, y que todos pueden compartir ahora la misma herencia (Efesios 3:6). La Iglesia es el medio que Dios utiliza para dar a conocer este gran misterio de amor a toda la humanidad (Efesios 3:10-11). Existe un verbo que se desprende de todo esto y que da nombre a esta página web que ahora te encuentras leyendo: EVANGELIZACION.

Evangelizar implica conocer y ser testigo del amor de Dios manifestado en Cristo, para poder anunciarlo y compartirlo con aquellos que aún no lo conocen, no lo han escuchado o no lo han recibido en sus vidas (Efesios 3:18-19). Este es el gran secreto de Dios que ahora se ha hecho público y universal, que debe ser proclamado a todos los hombres y mujeres de nuestra generación. Es por eso que los que tenemos el privilegio inmerecido de conocerlo, estamos unidos en un solo cuerpo con el vínculo de la paz para comunicarlo al mundo entero en la unidad del Espíritu (Efesios 4:3-6).

Ya que gratis nosotros lo hemos recibido, deseamos ofrecerte gratis estas revelaciones que son algunas manifestaciones del más grande de los secretos, el secreto de Dios:

“¡Cuán divinamente dulce es acudir al lugar secreto de Su presencia y permanecer en Sus atrios!” (David Brainerd)

“Descansa en el Señor y espera en Él.” (Salmo 37:7)

“¿Qué debe hacer el creyente en tiempos lúgubres? Guardar silencio y escuchar. Depositar su confianza en el nombre del Señor, apoyarse en su Dios. Quedarse quieto, como dice el versículo, quedarse quieto y escuchar. Lo primero que conviene hacer es —valga la paradoja— no hacer nada, quedarse quieto. Aunque vaya a contrapelo de la naturaleza humana, es lo más atinado. Un viejo adagio reza: «Cuando estés nervioso, no te apures». Dicho de otro modo, cuando no estés seguro de lo que debes hacer, no reacciones apresuradamente, a tientas y a ciegas, esperando que se dé lo mejor.
Quédate quieto y verás lo que hará Dios. Cuando nos serenamos y confiamos en Él, le damos oportunidad de obrar. Con frecuencia al preocuparnos le impedimos hacer todo lo que podría hacer. Si estamos distraídos y tenemos el espíritu turbado, no le dejamos hacer mucho por nosotros. La paz de Dios debe tranquilizarnos y dar reposo a nuestra alma. Pon tu mano en la Suya y déjate llevar por Él hacia el radiante sol de Su amor. Busca la quietud. Deja que Él intervenga en tu favor.” (Virginia Brandt)

“Cierta vez, mi hijo pequeño asomó su cabecita por la puerta de mi estudio. Sabía que no debía interrumpirme en horas de trabajo. Y justamente por eso, no venía con la conciencia tranquila. Sin embargo, me miró tiernamente con sus ojazos redondos y dijo:
—Papi, si me das permiso para quedarme aquí contigo, prometo sentarme quietecito todo el tiempo.
Creo que cualquiera que tenga corazón de padre entenderá por qué le di permiso para quedarse.
Esa breve experiencia me dio mucho que pensar. ¿Acaso no es así como tantas veces nos sentimos con relación a nuestro Padre celestial? ¡Cómo nos gusta estar con Él, simplemente estar en Su presencia! Es más, ¡nunca lo molestamos, sin importar cuándo ni con cuánta frecuencia nos aparezcamos ante Él!” (Ole Hallesby)

“Mi presencia irá contigo y te daré descanso.” (Éxodo 33:14)

“Entrégale tus cargas al Señor y Él cuidará de ti.” (Salmo 55:23)

“Donde está la paz, Dios está.” (Refrán español)

“Guarda silencio, pobre corazón convulsionado, que la paz es señal clara de que Dios nos sonríe. Su amor enmienda todo error, calma todo altercado. Ama y vuelve a amar, siempre con espíritu apacible.” (Edith Linn Forbes)

“Cuando el hombre abre sus espacios interiores a Dios, en la fe y en la oración; cuando siente que sus soledades interiores quedan inundadas por la presencia divina; cuando percibe que su desvalimiento e indigencia radicales quedan contrarrestados por el poder y la riqueza de Dios; cuando el hombre experimenta vivamente que ese Señor, que llena y da solidez, además de todopoderoso, es también todo cariñoso; que Dios es su Dios, el Señor es su Padre; y que su Padre lo ama, y lo envuelve, y lo compenetra, y lo acompaña; y que es su fortaleza, su seguridad, su certidumbre y su liberación. Entonces, díganme, ¿miedo a qué?” (Ignacio Larrañaga)

“No es el estrés lo que nos mata; es nuestra reacción ante él.” (Hans Selye)

 


NOTA: Te invitamos a seguir profundizando en las grandes preguntas de nuestra vida (aquí)

 

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