Liderazgo y evangelización II

Vemos que las cosas cambian cuando hay personas dispuestas a hacer algo al respecto, en el ámbito que sea. En el libro de los Jueces encontramos 7 ciclos que se sucedieron uno tras otro, en los que se repetía siempre el mismo patrón: un día bien y otro mal. El último versículo de este libro lo resume de esta manera: “En aquel tiempo no había rey en Israel. Y cada uno hacía lo que le parecía mejor” (Jueces 21:25). Donde no hay líderes, la gente hace lo que mejor le parece, aún con la mejor de las intenciones, pero la consecuencia suele ser la inestabilidad y que no suceda lo que tiene que suceder.

Hoy seguirá sin haber una Nueva Evangelización mientras no haya líderes que sean capaces de trabajar en equipo y de inspirar en los demás una respuesta. Es cierto que debemos seguir a Cristo, pero también necesitamos modelos humanos a quienes se pueda imitar (1 Timoteo 4:12). Decíamos en la primera parte que no es cuestión de carisma personal sino de carácter, por eso podemos encontrar líderes de todas las formas y colores, con diferente personalidad (Abrahán era impasible y también parsimonioso, Moisés era melancólico, Pedro era impulsivo, Pablo era colérico). Cada uno era único y distinto al resto, pero Dios les usó a todos porque el liderazgo no es cuestión de personalidad sino de carácter.

Cuando hablamos de liderazgo cristiano, debemos tener en cuenta 3 características del carácter de los buenos líderes:

“Acordaos de vuestros dirigentes, que os anunciaron la palabra de Dios; fijaos en el desenlace de su vida e imitad su fe.” (Hebreos 13:7)

  • Tienen un mensaje digno de recordar: “os anunciaron la palabra de Dios”
  • Tienen un estilo de vida digno de considerar: “fijaos en el desenlace de su vida”
  • Tienen una fe digna de imitar: “imitad su fe”

Todos tenemos el potencial para ser líderes, se puede aprender (formación de líderes). La Biblia nos dice: “Lo que aprendisteis, recibisteis, oísteis, visteis en mí, ponedlo en práctica” (Filipenses 4:9). Pablo nos está diciendo que los líderes no nacen, se hacen. Además de su ministerio público, Jesús nos enseñó la importancia y la prioridad de su grupo de los Doce, los futuros líderes de la primera comunidad cristiana. Como líderes, debemos estar siempre aprendiendo y creciendo, ya que en el momento en que dejamos de aprender y crecer dejamos de ser líderes.

Moisés

El libro del Éxodo, en el capítulo tres, nos narra un pasaje acerca de la vida de Moisés que ilumina a la perfección una de las cualidades principales que debe tener el líder cristiano:

“Moisés cuidaba las ovejas de Jetró, su suego, sacerdote de Madián. Una vez llevó las ovejas muy lejos en el desierto y llegó al cerro de Horeb, esto es, el cerro de Dios. Entonces fue cuando el ángel del Señor se presentó a él, como una llama ardiente en medio de una zarza.” (Éxodo 3:1)

Para que Dios le llamara a ser su mensajero y fuera a liberar a su pueblo de la opresión del faraón, lo primero que tuvo que suceder fue que Moisés se atreviera a ir “muy lejos en el desierto”. En ese momento, cuando Moisés es capaz de ir más allá de lo ordinario o normal en su vida, es cuando Dios se le aparece en medio de la zarza y recibe la misión que le ha sido encomendada. Por fin rompe el círculo de lo cotidiano y deja de hacer lo mismo de siempre.

Ser líder es estar dispuesto a romper todos los círculos de estancamiento que se forman a nuestro alrededor. La gran tentación que podemos tener es hacer círculos de seguridad a nuestro alrededor en cuanto a nuestra vida cristiana y apostolado se refiere, de los cuales no queremos salir. Debemos romper el círculo de lo ordinario una y otra vez.

El Señor no llamó a Moisés hasta que se decidió a tomar esta actitud. En la pedagogía de Dios, Él solamente le da más a quien va más allá de lo normal y más allá de sus posibilidades. La razón es muy simple; ¿para qué te va a dar el Señor dones, carismas y cualidades si no los vas a utilizar para extender su Reino? Cuando estamos dispuestos a dar un paso al frente, Dios siempre nos equipa y nos capacita con aquello que necesitemos para su propósito.

No es un problema experimentar nervios, miedos o vergüenza; al contrario, es una muy buena señal de que estamos rompiendo nuestro círculo al igual que Moisés. Más bien deberíamos preocuparnos si ya no sentimos nada de eso, ya que seguramente llevemos meses o años repitiendo lo mismo y hayamos convertido la gran aventura de la evangelización en un camino trillado y aburrido.

Al estilo de Moisés es como surgirán los líderes auténticos que el Señor está necesitando hoy en su Iglesia para una Nueva Evangelización.

Fuente: Extracto de la conferencia de Onofre Sousa del 28/05/2016

.

 

Artículos Relacionados