Liderazgo y evangelización

Quizás nos podamos preguntar: ¿qué tiene que ver el liderazgo con la evangelización? ¿por qué es importante comprender bien su importancia hoy en la Iglesia? ¿de qué tipo de liderazgo estamos hablando? ¿qué es en realiadad y a qué apunta eso del liderazgo?

El punto de partida para hablar de liderazgo y entender su estrecha relación con la evangelización es éste: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación” (Marcos 16:15). Evangelizar hasta los confines de la tierra implica trascender el tiempo y el espacio; por lo tanto, un evangelizador no es aquel que corre en todas direcciones, sino aquel que hace correr la Palabra de Dios (Salmo 147:15). Y esto, ¿cómo se consigue? A través de la formación de líderes que sirvan de inspiración y motivación a otros para hacer eficar la salvación de Dios (2 Timoteo 2:2).

Cuando hablamos de inspirar, motivar, delegar y formar estamos afirmando que el liderazgo cristiano es servicio. Surge del encuentro con Jesucristo, ya que ahí es donde tenemos un líder en potencia destinado a servir de inspiración y motivación para que otros creyentes se comprometan también en la renovación de la Iglesia y en la evangelización del mundo. Cada cristiano que vive su fe a tiempo completo y a corazón completo es un líder en potencia, y nada sucede hasta que se procura ese liderazgo determinado a cambiar las cosas. Un liderazgo que no es cuestión de títulos o de puestos, sino de tener algo demasiado importante entre manos como para quedarnos con ello y no hacer nada por entregarlo a los demás.

El líder cristiano vive con pasión y actúa con determinación, inspirando y motivando a otros; sabe delegar y trabajar en equipo desde una espiritualidad de comunión que lleve a dar fruto abundante. Los líderes que necesita hoy la Iglesia son hombres y mujeres de oración, apasionados por Jesucristo y abrasados en el fuego del Espíritu Santo, que saben mirar el mundo y a cada una de las personas con la mirada de Dios. Su razón de ser y su razón de vivir: pasión por Dios y compasión por las almas.

El hecho de que la Iglesia católica sea jerárquica y carismática (Efesios 2:20) implica que el obispo es el líder natural de su diócesis y el sacerdote, unido a su obispo, es el líder de su parroquia. Este liderazgo de los pastores, muy importante pero no el único, debe casar con el liderazgo de los laicos para formar el mejor de los equipos. Cuando pensamos que los laicos no estamos llamados al liderazgo en la Iglesia estamos cometiendo un grave error que se llama clericalismo, algo que el papa Francisco tampoco ha tenido ningún problema en denunciar y situarlo como uno de los problemas que impiden hoy una Nueva Evangelización.

En el pueblo de Dios podemos encontrar personas con autoridad que no tienen liderazgo (príncipes y funcionarios vs pastores), porque en demasiadas ocasiones se piensa que el mejor candidato para un puesto de gobierno o responsabilidad es el que más sabe y mejor habla; es decir, el más informado e intelectual. Sin embargo, el fundamento del liderazgo auténtico está en el carácter de la persona y todos tenemos el potencial de llegar a ser líderes, ya que los líderes no nacen sino que se hacen.

En muchas ocasiones hemos pagado muy caro el error de colocar personas exóticas en lugares visibles de liderazgo. Tenían un testimonio de vida indudable e incluso algunos llevaron su conversión al nivel de lo heroico, pero eran personas que nadie estaba dispuesto a imitar o seguir. “Personas problema”; es decir, personas en las que no se podía confiar o con quienes no se podía contar, temperamentales, inestables, o simplemente extraños. El criterio principal en la selección de nuestros líderes debe ser su carácter; a una persona madura se le puede evangelizar, a una persona inmadura e inestable también se le puede evangelizar pero generalmente seguirá siendo un santo inmaduro e inestable, porque “la gracia edifica sobre la naturaleza” (S. Tomás de Aquino).

Cuando una persona con problemas de carácter ocupa un puesto de liderazgo y responsabilidad, esos mismos problemas de carácter son los que causan su declive. A veces podemos pensar equivocadamente que es cuestión de carisma personal o de una gran sonrisa encantadora, pero se trata de credibilidad y carácter ya que sin credibilidad la buena influencia no puede llegar muy lejos. Alguien afirmó que todo cristiano es una persona y generalmente lo que falla es la persona y no el cristiano, cuando trataba de explicar tantos problemas que encontramos a nivel de liderazgo en ámbitos cristianos.

Desgraciadamente observamos que en los ambientes cristianos no se valora suficientemente la madurez humana de las personas, ya que de manera generalizada siempre podemos encontrar buenas conferencias, charlas y retiros acerca de temas dogmáticos y morales, pero muy pocas ocasiones en las que se traten temas que ayuden a formar la madurez y el carácter de los creyentes con el propósito de que puedan llegar a ser los mejores líderes.

Los verdaderos líderes genuinos son aquellos que viven lo que dicen y que aman lo que predican. Para vivir lo que decimos ser hay que tener la madurez y el carácter propio de un discípulo, para amar lo que predicamos y lo que estamos llamados a compartir con los demás hay que tener la madurez y el carácter propio de un evangelizador y un auténtico líder, aquel que ha sido llamado a cambiar la historia, no a ver la historia cambiar.

Fuente: Extracto de la conferencia de Onofre Sousa del 28/05/2016

 

 

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