¡Lo ha hecho de nuevo!

Es maravilloso y grandioso lo que pasó y te lo comparto con mucha alegría. Estoy seguro que fortalecerá tu fe y te animará a seguir con más entusiasmo en la vida Cristiana.

Es algo personal que no puedo callar pues la “ luz no se hizo para esconderse” (Mt 5,15) y seguramente lo estaré compartiendo muchas veces en todos los lugares donde me invitan a predicar. No puedo callar pues como san Juan dijo: “…lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de vida” (1 Jn 1,1).

Por eso quiero darte testimonio de lo que ha sucedido en estos días pasados, para que te unas a nuestra alegría y sigas glorificando el santo nombre de Jesucristo nuestro Señor. Días donde Dios habló, actuó, confirmó y respondió.

Hace tres semanas la vida caminaba ‘normal’. Desde hace 30 años gracias a Dios estoy como misionero a tiempo completo. Nací y crecí católico pero de joven me fui alejando de Dios. A los 19 años perdí totalmente la fe y me hice ateo; a los 21 me fui con los testigos de Jehová; un poco después un amigo católico me ayudo a regresar a la Iglesia católica y finalmente entré como misionero laico a tiempo completo. ¡Sí! Desde los 23 años Dios quiso llamarme por pura misericordia para servirle. Ahora tengo 53. Desde ese tiempo hasta la fecha, primero soltero y luego casado, ha sido un misionar por cientos y cientos de parroquias, ciudades y varios países. Tenemos varios sitios de internet de apologética y evangelización y he escrito 18 libros. ¡Todo por gracia de Dios!

Luchando el combate espiritual de cada día con sus caídas, problemas y dificultades, pero siempre con la certeza de la victoria de Jesucristo y la luz al final de cada pequeño túnel. Miles de veces viendo la gloria de Dios brillar en cientos de personas y familias y por supuesto en la mía.

Siempre he dicho que Dios ha sido demasiado bueno conmigo o será que me permite ver siempre el lado bueno y positivo de cada cosa pues Él “siempre dispone todas las cosas para el bien de los que lo aman” (Rom 8,28). Así lo creo, y así lo he vivido.

Mi esposa bonita, tres hijos y cuatro nietos. Mis hermanos, hermanas y medios hermanos viven en Monterrey, México y ciudades de alrededor.

Cada mes salgo de tres a cuatro veces a dar cursos, conferencias, predicaciones, retiros, talleres, congresos… Hace poco un sacerdote me dijo que cómo hacía con mi esposa pues yo salía mucho a misionar. Le comenté que a los dos días de salir mi esposa me empieza a decir: “mi amor, cuando regresas” y cuando regreso unos días después me dice: “mi cielo, cuando te vas”. Sonriendo, el sacerdote me dijo: “ah… entonces ya sé el secreto espiritual que recomendaré a las parejas”. Esta era mi vida llena de bendiciones. Mi vida llena de aventuras increíbles en la misión que algún día te contaré, y al mismo tiempo una vida “normal”.

En un segundo la vida te cambia por completo al 100%

Hace unas semanas uno de nuestro hijos nos comentó que en una revisión de rutina en la clínica, donde él es voluntario, le dijeron que al colocarle el estetoscopio le había detectado un ruido extraño en el corazón, que sería bueno que se lo revisara pues eso no era normal. De inmediato recordamos que de adolescente le habían encontrado algo pero al revisarlo más se dieron cuenta que en realidad no era nada.

Unos días después nos dijo que el ecocardiograma lo había revisado un amigo suyo que ayuda en la interpretación de esos estudios pues él trabaja tomando los “scripts” a un cardiólogo. Se veía mal. Era una ‘regurgitación’ en tres válvulas del corazón. Luego, un poco después, va con el cardiólogo y le confirma la situación. Su primera reacción, normal diría yo, fue: “Me voy a morir más pronto. Lo vi en los ojos del doctor.” Él ha sido muy perceptivo en ese aspecto.

Cuando nos informó del resultado y comentó eso yo solamente alcance a decirle: “Todos nos vamos a morir” y “Todos puede ser en cualquier momento”. Además le dije: “Dios decide cuándo”.

Todo cambio en un instante. En adelante, fueron días donde experimenté lo que nunca había sentido y ahora por mandato de Dios te comento. ¡Tres de cuatro válvulas del corazón no estaban funcionando bien!

¿Cómo un hombre o una mujer de fe puede procesar o reaccionar a una noticia tan terrible?

Fueron 15 días donde en cada uno de ellos había sombras, luces, oscuridad, fe, tinieblas, esperanza, tristeza profunda y confianza. Todo en un mismo día. Es una certeza de confianza y una desgarradora tristeza con un grito del alma buscando el rostro de Dios. Fuerte y débil al mismo tiempo. Clamas como los ciegos por misericordia y al mismo tiempo alabas porque sabes que Dios está contigo en ese momento. Es una avalancha de sentimientos encontrados donde dentro de la poderosa luz divina se filtran por momentos explosiones de absoluto abandono.

Respiras sin respirar y lloras sin llorar. Días donde siempresabes que nunca estás solo, pero pasan instantes, a veces segundos, donde lo humano brota y sientes cercana la frialdad y crueldad de la muerte. Bendito sea Dios que esos fueron solo momentos, pues Dios es bueno y nos cuida hasta en eso. El resto el día parecía ‘normal’. Muchos no supieron lo que estaba pasando y otros a tu alrededor nunca lo sabrán. Caminas por los mismos lugares y todo parece igual, pero ya nada es igual.

En momentos tienes que llorar sin lágrimas para fortalecer a los demás. En mi caso a mi esposa que estaba sufriendo igual o más. Fortalecida y trabajando durante el día, pero momentos quebrándose y llorando su dolor. En esos momentos yo no podía quebrarme igual y a escondidas dejaba que mi alma llorara igual o más, por eso te platicaba que llorar sin lágrimas vale por igual.

Dios es bueno y me sostuvo siempre en esos días: “ Hijo, si te llegas a servir al Señor, prepara tu alma para la prueba. Endereza tu corazón, manténte firme, y no te aceleres en la hora de la adversidad” (Eclo 2,1-2), pero créeme quea veces quería que todo lo que estaba pasando fuera una terrible pesadilla de la cual me hubiera gustado despertar.

No olvides esto mi hermana(o) “mantente firme en la adversidad”. Cuando pases por algo muy difícil o terrible podemos llorar, flaquear, quebrantarnos y pensar que ya no podremos seguir, pero al mismo tiempo mantenernos firmes sabiendo que pase lo que pase: “También sabemos que Dios dispone todas las cosas para bien de los que lo aman, a quienes él ha escogido y llamado” (Rom 8,28).

Dios me permitió sentir “relámpagos” de depresión en algunos segundos

Algo muy personal que te comparto es que la angustia, sufrimiento y dolor aunque fue por momentos, algunos de ellos fueron segundos de profunda depresión.

No pudieron ser más de algunos segundos pues seguramente si hubieran sido más pudiera haber reaccionado mal. Dios tuvo compasión de mi de nuevo pues: “ De hecho, ustedes todavía no han sufrido más que pruebas muy ordinarias. Pero Dios es fiel y no permitirá que sean tentados por encima de sus fuerzas. En el momento de la tentación les dará fuerza para superarla” (1 Cor 10,13). Una vez más se cumplía su palabra en su vida.

Esos momentos o segundos son terribles. Verdaderamente horribles y si nunca los has sentido te será difícil de entender. Yo nunca los había experimentado. Es como una loza que literalmente te aplasta; un mundo donde no hay nubes negras, sino todo es negro; donde te conviertes en zombie pues no hay mundo, no hay nada real a tu alrededor; donde ni siquiera se sufre pues te haces inmune al sufrimiento… y si Dios permitió que lo sintiera algunos días, por segundos, debido lo que estaba pasando, el mismo Dios me fortaleció para poder vencerlos. Allí alababa y daba gracias solamente por fe en su amor y presencia.

No puedo olvidar lo que san Pablo dice y te recomiendo grabar: “ Por eso me complazco en mis flaquezas, en las injurias, en las necesidades, en las persecuciones y las angustias sufridas por Cristo; pues, cuando estoy débil, entonces es cuando soy fuerte” (2 Cor 12,10).

Estimado hermano y hermana. Si alguna vez has sentido esa profunda depresión por cualquier causa, no olvides nunca estas promesas de Dios para tu vida y aférrate a ellas con las pocas fuerzas que tengas en ese momento y si ya no tienes fuerzas simplemente déjate caer en sus brazos. Dios te ama y te estará dando el consuelo en medio de tu llanto y dolor.

¿Por qué pasan cosas malas a la gente buena?

Todos los hijos lo son siempre una bendición siempre. Sin embargo, si no toma; no fuma; nunca se ha drogado; es catequista en la parroquia; juega basquetbol, futbol y béisbol; termino su carrera y quiere estudiar más. Uno podría pensar y preguntar: ¿Por qué él? Sin embargo gracias a Dios nunca lo pensé ni pregunté. El mismo Jesucristo dijo: “¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino sólo Dios” (Mc 10,18).

A veces se llegan a pensar y a preguntar que por qué le pasan cosas malas a la gente buena, pero olvidamos que bueno solamente es Dios y nadie está librede enfermedades, accidentes o de la muerte. Pensar lo contrario causa mucha confusión y daño pues por un lado pensamos ser buenos olvidando que todos somos pecadores necesitados de salvación y por otro lado se cree que Dios manda que sucedan las cosas ‘malas’. Por su ‘palabra” Dios me prevenía de caer en pensamientos que empeoran las situaciones difíciles.

El valor sagrado de la vida humana y la de un hijo

Una de las cosas por las que la “noticia” del problema cardiaco de mi hijo me sacudió es que Dios desde hace mucho me mostró el valor y amor a algo tan sagrado como la vida de cada ser humano y más la de un hijo. Dentro de los 30 años de misionero fueron casi 2 años y medio que pasé en el seminario. En ese tiempo estaba discerniendo si Dios me llamaba al sacerdocio. Por eso el tener hijos para mi es el doble de intenso pues yo pensé todo ese tiempo que no los tendría al vivir el celibato. Para mí me “mueve hasta los huesos” la pérdida de un hijo y se me hace lo más terrible que existe el que haya mujeres que sean capaces de asesinar a su propio hijo y hacerlo en su vientre convirtiendo así el lugar sagrada en una tumba o peor, primero es una cámara de tormento desgarrando el cuerpecito y luego su propia madre le aplica la pena de muerte al más inocente del mundo, su propio hijo. No le llamo aborto provocado, pues esa palabra ya dice poco sobre la realidad del más horrible asesinato que agrada mucho a Satanás.

Deja todo a Dios y haz todo como si Dios no existiera

Algo que hice en estas dos semanas antes de recibir la bendición especial de parte de Dios de sanar a mi hijo fue algo que escribí en mi libro “ como ser un cristiano con coraje”. En uno de los capítulos explico la frase atribuida a san Ignacio de Loyola de “dejar todo a Dios y hacer todo como si Él no existiera.

Así que literalmente leí y aprendí del corazón todo lo que encontraba útil. Que no es capaz de hacer una madre o un padre por su hijo. En resumen, descubrí como el corazón tiene cuatro cavidades. En la parte superior las aurículas y en la inferior los ventrículos. La sangra por él bombea en una sola dirección y el flujo sanguíneo pasa a través de 4 válvulas: La tricúspide; la aortica; la pulmonar y la mitral. Cuando las válvulas no cierran bien se regresa algo de la sangre produciendo regurgutación, es como cuando uno tiene reflujo en la comida y siente ardor al regresarse algo de ella. Si no abre bien o lo suficiente se da la estenosis y hay menos flujo de sangre.

Te comparto esto porque lo que quiero decirte es que siempre, en todo lo que pase, bien o mal, debemos de poner el 100% de nuestra parte, pero al mismo tiempo debemos dejar el 100% en las manos de Dios como si nosotros no tuviéramos nada que hacer.

Hacer esto para mí, en medio de la incertidumbre, la tristeza y el dolor fue algo que Dios me enseño hace tiempo y se convirtió en bendición. Fueron así pasando los días hasta que fuera con mi hijo a la próxima cita con el cardiólogo.

No mires tanto al Goliat

Algo especial que Dios también me ayudó y te ayudará a Dios es algo que he predicado algunas veces. Si lees 1 Sam 17, 1-51 encontrarás la famosa pelea de David contra Goliat. Un detalle que nunca debemos olvidar es que dice que el pueblo tuvo miedo y el rey Saúl también tuvo miedo. Seguramente de ver tanto al filisteo Goliat terminaron por pensar que era invencible. Era grande, alto, fuerte, experimentado, armado… entre más lo miraban más miedo le tenían.

El secreto espiritual para vencer en las peores pruebas que te pasen y esta que me paso a mi es el “no ver” tanto el Goliat que te quiere vencer. Hermano, hermana, ¡No mires tanto al Goliat! Por más que sea difícil y terrible la situación. En estos días de prueba hubo momentos donde mi mente me guiaba cual títere a ver lo terrible que estaba pasando y lo peor que podría pasar. Pero recordaba por gracia de Dios que ese era un ‘Goliat’ que como un latigazo del diablo quería atraparme para derrotarme y deprimirme y en vez de hacerle caso me ponía a orar y dar gracias a Dios por tantas cosas buenas que me ha dado y a alabarle por su grandeza pues no hay arma espiritual más fuerte que la alabanza a la hora del dolor y el sufrimiento. Oraba diciendo bendito Dios; santo Dios; alabado seas Señor.

Hermana(o) no permitas que el dolor; el problema o tu difícil situación atrapen tu mente y corazón. No mires tanto a ese ‘Goliat’ sino recuerda la grandeza de Dios y su misericordia. David en vez de ver a Goliat recordaba y miraba en su mente todas las veces que había vencido a los leones. Recuerda tu mi hermano en los momentos de prueba como Dios te ha rescatado muchas veces y si tú estás con Él, pase lo que pase Él también estará contigo pues Dios permite que las cosas pasen para el bien de los que le aman (Rom 8,28).

Así fueron transcurriendo la espera de los resultados de los estudios que le volvieron a hacer a nuestro hijo. Así te lo recomiendo a ti mi hermana y hermano en Cristo.

La primera vez que he pedido por un milagro

Te lo digo de corazón. Dios ha sido siempre muy bueno conmigo a pesar de mis fallas y debilidades y por gracia divina las “cosas de Dios” las tomo con seriedad. En toda mi vida como cristiano católico practicante solamente 3 veces he hecho promesas y 2 veces he jurado que he dicho la verdad. La promesas y juramento no son un juego y por eso las he tomado con seriedad. Por eso al orar por tanta gente en tantos años de misionero he orado por sanación y por bendiciones miles de veces, pero ahora era el momento de ir más allá y pedir algo más, necesitaba un milagro o bendición muy especial y eso nunca lo había pedido.

Con 30 años de misionero por supuesto que visto muchos milagros y he escuchado maravillado los milagros que Dios ha realizado en cientos de personas. Milagros maravillosos done la ciencia decía no, pero Dios decía sí. Recuerdo en este momento un hermanito que tenía a su pequeña hija ya desahuciada y a punto de morir en un hospital. Los doctores le dijeron que si acaso quería hacer un último intento la llevara a otra ciudad donde estaban haciendo experimentos con ese tipo de situaciones. De inmediato aceptó. La llevaron en un vuelo especial y al llegar la empezaron a preparar y a hacerle los estudios previos. No había pasado mucho tiempo cuando los doctores salieron y le dijeron sorprendidos que no sabían que había pasado pero que la niña estaba bien, estaba en buena salud. No entendían que había pasado pues ellos no habían hecho absolutamente nada y ella ahora estaba bien. Que a lo mejor el cambio de ‘aire’ le había ayudado. Ellos nunca entendieron lo que el hermano José, su papá, miraba con claridad: Dios había hecho un milagro y por eso le alababa y me decía agradecido mira esta es mi hija, excelente estudiante, la que los doctores dijeron que iba a morir y los otros al verla sana me dijeron que seguramente habría secuelas graves en su vida. “ Pues sus proyectos no son los míos, y mis caminos no son los mismos de ustedes, dice Yavé”(Is 55,8).

Los milagros o bendiciones especiales existen y los hemos visto muchas veces, pero era el momento de yo clamar y esperar por uno que sucediera en mi hijo. Era el momento de pedir por primera vez por un milagro.

Le oré a Dios como un amigo atrevido para que hiciera un milagro

Vaya que la osadía y atrevimiento no tiene pies, pero Jesucristo desde hace 30 años es mi Señor y Salvador y además ha sido mi amigo. De eso estoy más convencido que del aire que respiro. Tan seguro de eso, que cuando algún protestante que no sabe responderme bíblicamente me escribe por email diciendo que no conozco a Dios yo le contesto retándole, si retándole, a que en esa noche ore y le pregunte a Jesucristo si le conozco o no a ver qué le dice. ¡Nunca me han respondido! Claro, pues no solamente le conozco, sino que Él me conoce perfectamente a mí. ¡Bendito seas Señor!

En su palabra Dios nos dice:

“Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre. No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá.” (Jn 15,15-16)

Por eso, como un amigo atrevido y algo confianzudo, en los días previos a la entrevista con el cardiólogo, me atreví, en resumen, a orar así en medio del dolor:

a) Las ventajas: “Señor Jesucristo, tú eres grande y poderoso. Sé que siempre estarás conmigo pase lo que pase. Sin embargo te conviene a ti para aumentar tu gloria que mi hijo sea sanado. Si lo sanas, este siervo tuyo podrá predicar con más poder el testimonio de un Dios amoroso que sana hoy y responde a sus hijos. Además, mi hijo podrá seguir sirviéndote y a la gente, continuado por el camino tuyo y agradeciendo al Dios vivo y poderoso en el que creemos”.

b) Los tiempos: “Santo Dios, en unos días iremos a la cita con el cardiólogo y será la primera oportunidad para ver el milagro que te he pedido. Puedes hacer ese día o cuando tú lo desees pues tu sabes y quieres siempre lo mejor para mí; para mi hijo y para esta familia tuya. Señor, es un día donde puedes manifestar tu gloria de nuevo, pero no se haga mi voluntad sino la tuya”.

c) Luchando con Dios como Jacob (Gen 32,23-31). Sí, hermano(a), como cualquier padre o madre que no quiere ver a su hijo sufrir clamé y clamé a Dios, pero no al estilo protestante y anticristiano de “reclamar y declarar” las promesas de Dios ya realizadas que van totalmente en contra de la absoluta soberanía de Dios y de su gracia. En vez de eso fue como Jacob que no ‘declaró’ ya obtenida la bendición sino luchando por ella la pedía hasta que la recibió.

d) En el nombre de Jesucristo y de su santa madre también. Dice la Palabra de Dios que “la oración del justo tiene mucho poder” (Sant 5,16) y por eso ore así: “Padre bueno, Padre bendito en el nombre poderoso de tu hijo amado te suplico por mi hijo. En el nombre de Jesucristo en quien te complaces; con la intercesión de tu bendita sierva y madre de Él y con la poderosa intercesión de tus amigos predilectos los santos cuida a mi hijo, sánalo y haz un milagro en este día de la cita si así lo quieres tú”. Que más “justos” que su hijo Jesucristo (1 Jn 1,9); la bendita virgen María llena de gracia (Lc 1,27-28) y sus fieles amigos los santos (Ap 5,8).

e) La promesa: Recuerdas hermana(o) lo que te comenté acerca de la seriedad acerca de hacerle promesas a Dios (Ecl 5,4). Yo le hice dos y una de ellas fue el proclamar su gloria y su grandeza con un testimonio específico si Él obraba ese milagro. Ore de esta forma: “Señor Dios de la Gloria. Si tu respondes a este siervo tuyo que te suplica por este milagro te prometo no callar nunca y dar a conocer a miles o millones de personas lo que tú has hecho con mi hijo. Amén”.

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Y Dios respondió… ¡Bendito seas Señor! ¡Gracias Jesucristo! ¡Gloria a tu nombre por siempre!

Llegó el día esperado y al mismo tiempo no deseado de visitar al cardiólogo para volver a ver de nuevo los estudios que le habían hecho acerca del problema de “regurgitación tricúspide, aórtica y mitral” que le habían encontrado. Tres de las 4 válvulas no funcionaban bien.

Entramos y la cardióloga revisó y tranquilamente sonriendo dijo las benditas palabras: “No, todo está bien. Estás saludable. No son tres las válvulas con problema sino sólo dos pero y de esa en una nivel de riesgo bajo. No tienes ningún síntoma. Puedes revisarte si quieres en un año o dos.”

¡Bendito sea Dios! ¡Bendito sea su santo nombre!

No estaba despertando de una pesadilla sino viendo de nuevo la Gloria de Dios con el milagro o bendición especial que le había pedido. Por eso mi querido hermano y hermana en Cristo estoy escribiendo y compartiéndote esta buena noticia. ¡Jesús está vivo! ¡Yo soy testigo del Poder de Dios!

Gracias y mil gracias Señor porque Tú en tu infinita bondad y misericordia obraste en mi hijo le has sanado. ¡Bendito y alabado seas mi Señor! Si por 30 años he proclamado y gritado tu nombre y tu Buena Nueva, ahora lo haré aún más fuerte Señor.

Martin Zavala

 

 

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