¿Matrimonio para siempre?

Los tiempos están difíciles para el matrimonio, como se aprecia de tanto fracaso matrimonial; pero sin embargo, sigue presente ese anhelo de un amor para siempre, hasta la muerte, que cambie la vida. Anhelo de amor eterno que se plasma en la mirada del enamorado. Decía un hombre experimentado en sufrimientos matrimoniales que lo que más llena la vida del hombre y la mujer adultos es su trabajo y su matrimonio. Al trabajo le dedicamos ocho horas diarias de las 24 de cada jornada, y al matrimonio, la misma vida, el día y la noche. Hay que tomarse en serio la preparación para el matrimonio, pues es el paso más importante de la vida.

Para el trabajo nos preparamos desde que nacemos: la guardería, el colegio, el instituto, la universidad, el máster, la especialidad, los idiomas, la experiencia… Para el matrimonio, en cambio, a veces haciendo el cursillo prematrimonial de un par de días nos damos por preparados. Y hay que aprender a hacer hogar, no sale solo. Hay que aprender a crear armonía; armonía en la complementariedad. Hay que aprender a dialogar, a escuchar y a hablar. Conociéndonos mutuamente y buscando la armonía de los dos y el bien del otro, aunque no esté exenta de sacrificios, esa unión hace mejores a uno y a otro.

La unión matrimonial del hombre y de la mujer está hecha por Dios a su imagen y semejanza. Igual que Dios hizo a ambos, hombre y mujer, a su imagen y semejanza. El papa Francisco lo dijo en la Audiencia del 15 de abril de 2015 afirmando que el hombre y la mujer, como pareja, son imagen de Dios, pero corremos el peligro de retroceder. Deben tratarse con respeto y cooperar con amistad.

Con estas bases humanas, apoyados por la gracia de Dios, es posible proyectar la unión matrimonial y familiar para toda la vida. El vínculo matrimonial y familiar es algo serio, y lo es para una sociedad más libre y más justa. De hecho, la comunión con Dios se refleja en la comunión de la pareja humana. En la alianza entre el hombre y la mujer, la tierra se llena de armonía y confianza.

Te quiero para toda la vida

Entonces, ¿es posible un matrimonio para siempre? Sí, pero es difícil. Y habrá que cuidarlo antes, durante y cada día de la vida, como lo que es: lo más importante que tenemos entre manos. Y todo, cada suceso, podrá unirnos o separarnos. Eso depende de nosotros, pues apoyándose cada vez más uno en el otro se fortalece la unión.

El papa Francisco pidió a los jóvenes en la Jornada Mundial de la Juventud de Brasil (2013) no tener miedo al verdadero amor, rebelándose contra la tendencia a su banalización que lo reduce al aspecto sexual y descubrir la belleza de la vocación humana al amor, cuyas características esenciales son belleza, comunión, fidelidad y responsabilidad.

La indisolubilidad del matrimonio se preserva defendiendo su validez, a pesar de dificultades y fracasos, y defendiendo con verdad la nulidad, cuando esta es causa de ello y se puede probar. Hay que rechazar la cultura del descarte también en este campo.

Fuente: Revista Buena Nueva

 

 

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