Nuestra casa común

En este artículo no vamos a tratar sobre nuestro hogar familiar, el primero y más inmediato en la vida de todo ser humano. Queremos centrarnos en ese “hogar” más amplio y universal que compartimos todas las personas que vivimos en esta tierra, nuestra casa común.

La Biblia nos enseña que, habiendo creado los cielos y la tierra, “vio Dios todo lo que había hecho y era muy bueno” (Génesis 1:31). Seguidamente encomendó a los seres humanos la tarea de velar por su creación y administrar sus recursos, no como dueños, sino como administradores.”El Señor Dios tomó al hombre y lo colocó en el jardín de Edén, para que lo guardara y lo cultivara” (Génesis 2:15).

Cuando Dios observa hoy su creación se siente menos complacido que en el principio de los tiempos. Es verdad que muchas partes del planeta conservan su belleza primera y funcionan, tal como Él dispuso; no obstante, contrastan con otras que sufren un grave deterioro. Las fuerzas de la naturaleza han hecho estragos, es cierto, pero los seres humanos también somos responsables de grandes daños al entorno. Muchos de los ecosistemas del mundo están fallando, especies animales y vegetales se extinguen, y los recursos se agotan rápidamente. En buena medida los seres humanos somos culpables de ello por no haber llevado bien a cabo nuestra misión de cuidar y guardar lo que se nos encomendó. Es conveniente ser bien conscientes de que todos compartimos la responsabilidad y asimismo sufrimos las consecuencias.

Hemos supuesto, erróneamente, que la creación existe para nuestro consumo y aprovechamiento egoísta; por eso, es preciso que volvamos al Corazón de Dios. Es responsabilidad de todos tomarse en serio su labor de mayordomo o administrador del medio ambiente y de la casa común, como nos dice tan claro y alto el Papa Francisco en su nueva encíclica Laudato Si. Hoy es importante tener mayor conciencia ecológica a la hora de tomar decisiones y en la vida en general. Una mentalidad amigable con el medio ambiente se debe fundamentar en los siguientes pilares:

Conciencia

Mantenerse informado sobre los problemas ambientales y sus soluciones, tanto en el vecindario como a escala nacional e internacional. Hoy en día nos resulta más fácil que hace unos años encontrar información sobre los productos que compramos y los procesos relacionados con su fabricación y reciclaje.

Gratitud

Tomarse el tiempo necesario para valorar el maravilloso mundo en el que tenemos la dicha de vivir, para asombrarnos de todo lo que Dios ha hecho y así crear espacios en nuestro corazón y en nuestros pensamientos para la admiración y la gratitud. Gratitud y conciencia van de la mano.

Respeto

Valorar y respetar a Dios implica valorar y respetar toda su obra creada. Somos responsables ante las generaciones que están por venir y por eso debemos considerar el esfuerzo por ser más considerados y menos egoístas. Que nuestro modo de proceder sea más consecuente con la defensa de la naturaleza, trascendiendo el mero hecho de ahorrar electricidad, agua y otros recursos, además de procurar no contaminar.

Es verdad que la información disponible sobre los diversos temas medioambientales llega a ser abrumadora, y a veces hay puntos de vista contradictorios, lo cual puede resultar exasperante. Lleva tiempo distinguir los hechos de las conjeturas y opiniones sin fundamento. Ser consecuente y consciente requiere disciplina y paciencia; aunque no podamos cumplir todas las recomendaciones de respeto por el medio ambiente, hay bastantes cosas que sí podemos hacer. Tomar conciencia, ser agradecidos y respetar a cabalidad es un buen comienzo para revisar las prioridades en relación con nuestra propia casa común.

“Un ser humano es parte del todo que llamamos universo, una parte limitada en el tiempo y en el espacio. Se percibe a sí mismo, con sus pensamientos y sentimientos, como algo separado del resto, lo cual viene a ser una ilusión óptica de su conciencia. Esa ilusión es para nosotros como una cárcel, nos restringe a nuestros deseos personales y a sentir afecto por los pocos que tenemos más cerca. Nuestra misión debe ser liberarnos de esa cárcel ampliando nuestro círculo de compasión para que abarque a todos los seres vivos y la naturaleza entera con toda su hermosura.” (Albert Einstein)

“En el mundo hay suficiente para las necesidades de los hombres, pero no para su codicia.” (Mahatma Gandhi)

“Abusamos de la tierra porque la consideramos un producto de consumo que nos pertenece. Cuando la veamos como una comunidad a la que pertenecemos, podremos empezar a utilizarla con amor y respeto.” (Aldo Leopold)

“La prueba máxima de la conciencia del hombre debe ser su deseo de sacrificar algo hoy por las generaciones futuras cuyas palabras de agradecimiento no llegará a oír.” (Gaylord Nelson)

“El activista no es quien dice que el río está sucio; es quien lo limpia.” (Ross Perot)

“Nosotros no heredamos la tierra de nuestros antepasados; es de nuestros hijos y la tenemos prestada.” (Proverbio de los indios de Norteamérica)

“Los residuos son un impuesto con que se grava a toda la población.” (Albert Atwood)

“Todavía queda esperanza si las personas comienzan a despertar su lado espiritual, su certeza intuitiva de que somos los cuidadores de este planeta.” (Brooke «Medicine Eagle» Edwards)

“Cuando sanamos la tierra, nos sanamos a nosotros mismos.” (David Orr)

“La sostenibilidad ambiental no es una opción, sino una necesidad. Para que prosperen las economías, para que desaparezca la pobreza en el orbe, para impulsar el bienestar de los pueblos —no solo en esta generación, sino en las generaciones venideras— tenemos el deber apremiante y cada vez más urgente de cuidar el medio ambiente y administrar bien los recursos naturales, de los cuales dependen nuestra actividad económica y nuestro entramado social.” (Gordon Brown)

“Estando en paz con Dios podemos dedicarnos mejor a construir la paz con toda la creación, la cual es inseparable de la paz entre los pueblos.” (Juan Pablo II)


NOTA: Te invitamos a conocer la nueva encíclica Laudato Si, comenzando por una visión de conjunto y resumen aquí

 

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