Orar con los Salmos

El libro de los Salmos es uno de los que componen la Biblia cristiana en su primera parte, el Antiguo Testamento, que corresponde a las Sagradas Escrituras del pueblo de Israel.

Está integrado por 150 oraciones poéticas o cantos, de distintas épocas y autores, que se fueron agrupando hasta formar la actual colección que, ya desde el siglo III a.C., constituía el libro oficial de cantos del Templo de Jerusalén. Usados por el mismo Jesús, que oró con ellos tanto en el Templo como en su oración personal, fueron recitados con fervor y con una nueva comprensión por la primera comunidad cristiana salida del judaísmo, y pasaron así a los labios de la Iglesia, que los utiliza constantemente en toda su Liturgia. Podemos decir que se trata de las oraciones más usadas a lo largo de casi 30 siglos y por millones de creyentes.

La clave de este éxito tan duradero hay que buscarla en 3 características principales de estos preciosos cantos:

  • Despliegan todo el abanico de actitudes y sentimientos con que el hombre se sitúa ante Dios: alabanza, admiración, gratitud, confianza, súplica humilde, lamentación, arrepentimiento, celebración gozosa y escucha obediente.
  • Se trata de oraciones situadas en la vida e historia concreta del individuo o del pueblo, con sus diferentes vivencias, circunstancias exteriores e incluso distintas comprensiones del misterio de Dios.
  • Su lenguaje sencillo y a la vez poético, que tiene la capacidad de tocar certeramente el centro del hombre, su corazón. Porque son palabras de corazón a corazón, del corazón de Dios al del hombre y viceversa.

Y esto hace que, quien llega a conocerlos, ya no pueda prescindir nunca de ellos a la hora de expresarse ante Dios y se sorprenda muchas veces repitiendo algunas de sus frases como oración íntima y esencial. Es lo mismo que le ocurría a Jesús: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Marcos 15:34); “A tus manos encomiendo mi espíritu” (Lucas 23:46); “Te doy gracias porque me has escuchado” (Juan 11:41).

Orar desde mi vida

La persona se realiza en una historia cambiante, tanto en las distintas circunstancias exteriores que la condicionan, como en los diferentes estados de ánimo con que nos enfrentamos con ellas. No todos los días son iguales, ni en todas las horas del día te encuentras igual. No tienes siempre la misma edad. Unas veces estás triste y deprimido, y otras estás dispuesto a saltar de alegría. Y el diálogo con Dios, para ser auténtico, debe expresar esos distintos momentos que van conformando tu ser.

Por eso los Salmos son oraciones “situadas” en los distintos momentos de la vida, tanto del pueblo de Dios como del orante individual. Queremos ayudarte para que hables con Dios desde cada momento vital en que te encuentres. Y, para ello, te iremos ofreciendo una selección de pasajes de los Salmos, dividida en pequeños capítulos con un título que identifica, bien el estado de ánimo o la circunstancia vital o temporal en que te puedes encontrar, o bien el sentimiento o actitud que le quieres manifestar al Señor.

Te encontrarás, en primer lugar, con todas las grandes actitudes espirituales: alabanza, acción de gracias, confianza, súplica, arrepentimiento, intercesión. También te encontrarás con manifestaciones agradecidas de tu ser cristiano: hijo de Dios, discípulo de Jesús, miembro de la Iglesia, intercesor de la humanidad. Podrás identificar tus distintos estados de ánimo, desde la depresión, el dolor o la oscuridad, hasta la alegría. Aprenderás a orar en los distintos momentos del día y a distinguir el día del Señor por excelencia. Y, por último, sabrás dirigirte al Señor desde las peculiaridades propias de cada edad. De este modo, aprenderás a convertir toda tu vida en oración.

Fuente: IDR, Archidiócesis de Valencia


 

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