Orar desde mi vida III

¡Qué bueno eres conmigo!

“Tú los has amado a ellos como me has amado a mí” (Juan 17:23)


 

SALMO 31

“Qué bondad tan grande, Señor, reservas para los que te temen, y concedes a los que a ti se acogen a la vista de todos. Bendito el Señor, que ha hecho por mí prodigios de misericordia en la ciudad amurallada. Amad al Señor, fieles suyos; el Señor guarda a sus leales. Sed fuertes y valientes de corazón, los que esperáis en el Señor.” (20.22.24-25)

 

SALMO 57

“Te daré gracias ante los pueblos, Señor; tocaré para ti ante las naciones: por tu bondad, que es más grande que los cielos; por tu fidelidad, que alcanza las nubes.” (10-11)

 

SALMO 103

“Bendice, alma mía al Señor, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice, alma mía al Señor, y no olvides sus beneficios. Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades; Él rescata tu vida de la fosa, y te colma de gracia y de ternura; Él sacia de bienes tus días, y como un águila se renueva tu juventud.

El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia. No está siempre acusando ni guarda rencor perpetuo; no nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas.

Como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por los que le temen; porque Él conoce nuestra masa, se acuerda de que somos barro.” (1-5.8-10.13-14)

 

Artículos Relacionados