Orar desde mi vida XII

Siento a Dios lejos

“A la hora nona, Jesús gritó con voz potente: Elí, Elí, ¿lemá sabaktaní? Es decir: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mateo 27:46)

 


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SALMO 10

“¿Por qué te quedas lejos, Señor, y te escondes en el momento del aprieto?” (1)

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SALMO 13

“¿Hasta cuándo, Señor, seguirás olvidándome? ¿Hasta cuándo me esconderás tu rostro? ¿Hasta cuándo he de estar preocupado, con el corazón apenado todo el día?” (2-3)

 

SALMO 22

“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? A pesar de mis gritos, mi oración no te alcanza. Dios mío, de día te grito, y no me respondes; de noche, y no me haces caso. Desde el seno pasé a tus manos, desde el vientre materno tú eres mi Dios. No te quedes lejos, que el peligro está cerca y nadie me socorre.” (2-3.11-12)

 

SALMO 30

“Yo pensaba muy seguro: No vacilaré jamás. Tu bondad, Señor, me aseguraba el honor y la fuerza; pero escondiste tu rostro, y quedé desconcertado. Escucha, Señor, y ten piedad de mí; Señor, socórreme.” (7-8.11)

 

SALMO 119

“Te invoco de todo corazón: respóndeme, Señor, y guardaré tus decretos; a ti grito: sálvame, y cumpliré tus preceptos; me adelanto a la aurora pidiendo auxilio, esperando tus palabras. Escucha mi voz por tu misericordia, Señor. Tú, Señor, estás cerca.” (145-147.149.151)

 

 

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