Orar desde mi vida XVIII

Mi vida se gasta en el dolor

“¡Abbá!, Padre: tú lo puedes todo, aparta de mí este cáliz. Pero no se haga como yo quiero, sino como tú quieres.” (Marcos 14:36)

 


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SALMO 31

“Piedad, Señor, que estoy en peligro: se consumen de dolor mis ojos, mi garganta y mis entrañas. Mi vida se gasta en el dolor; mis años, en los gemidos. Pero yo confío en ti, Señor, te digo: Tú eres mi Dios. En tus manos están mis azares. Haz brillar tu rostro sobre tu siervo, sálvame por tu misericordia.” (10-11.15-17)

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SALMO 102

“Señor, escucha mi oración, que mi grito llegue hasta ti; no me escondas tu rostro el día de la desgracia. Que mis días se desvanecen como humo, mis huesos queman como brasas; mi corazón está agostado como hierba, me olvido de comer mi pan; con la violencia de mis quejidos, se me pega la piel a los huesos. Mis días son una sombra que se alarga, me voy secando como la hierba. Tú, en cambio, permaneces para siempre, y tu nombre de generación en generación.” (2-6.12-13)

 

SALMO 116

“Amo al Señor, porque escucha mi voz suplicante, porque inclina su oído hacia mí el día que lo invoco. Me envolvían redes de muerte, me alcanzaron los lazos del abismo, caí en tristeza y angustia. Invoqué el nombre del Señor: Señor, salva mi vida. Alma mía, recobra tu calma, que el Señor fue bueno contigo: arrancó mi alma de la muerte, mis ojos de las lágrimas, mis pies de la caída. Caminaré en presencia del Señor en el país de los vivos.” (1-4.7-9)

 

 

 

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