Orar desde mi vida XX

El hombre no perdura en la opulencia

“En verdad os digo que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Al oírlo, los discípulos dijeron espantados: Entonces, ¿quién puede salvarse? Jesús se les quedó mirando y les dijo: Es imposible para los hombres, pero Dios lo puede todo.” (Mateo 19:23-26))

 


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SALMO 49

“¿Por qué habré de temer los días aciagos, cuando me cerquen y acechen los malvados, que confían en su opulencia y se jactan de sus inmensas riquezas, si nadie puede salvarse ni dar a Dios un rescate? Es tan caro el rescate de la vida, que nunca les bastará para vivir perpetuamente sin bajar a la fosa. Mirad: los sabios mueren, lo mismo que perecen los ignorantes y necios, y legan sus riquezas a extraños. El sepulcro es su morada perpetua y su casa de edad en edad, aunque hayan dado nombre a países. El hombre no perdura en la opulencia, es semejante a las bestias, que perecen. Este es el camino de los confiados, el destino de los hombres satisfechos.

Pero a mí Dios me salva, me arranca de las garras del abismo. No te preocupes si se enriquece un hombre y aumenta el fasto de su casa: cuando muera, no se llevará nada, su fasto no bajará con él. Aunque en vida se felicitaba: Ponderan lo bien que lo pasas, irá a reunirse con la generación de sus padres, que no verán nunca la luz. El hombre rico e inconsciente es semejante a las bestias, que perecen.” (6-14.16-21)

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SALMO 16

“Se multiplican las desgracias de quienes van tras dioses extraños; yo no derramaré sus libaciones con mis manos, ni tomaré sus nombres en mis labios. El Señor es el lote de mi heredad y mi copa, mi suerte está en tu mano: me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad.” (4-6)