¿Quién es Mahoma?

Mahoma es, después de Cristo, el hombre más influyente de la historia. De huérfano pasó a mercader, a profeta perseguido en la Meca y a estadista en Medina. Pensó que era el último de los profetas en línea con el Antiguo y Nuevo Testamento. Pero es un hombre pecador como todos. El Corán afirma que varias veces pidió perdón a Alá por sus pecados (Sura Al-Ahzab 33,38). Este hecho atestiguado por el Corán es negado por la mayoría de los musulmanes, que aseguran que todos los enviados de Alá han vivido de manera irreprochable. A diferencia de Mahoma, Cristo no conoció el pecado.

Afirmar que Mahoma fue adúltero y asesino llena a los musulmanes de furia, idealizando al profeta por el temor de que sus imperfecciones cuestionaran su mensaje. Pero los hechos están ahí. Jesús es santo y sin pecado; Mahoma fue impuro y pecador. Cristo, siendo Dios, se hizo hombre para salvarnos. El Corán confirma a Cristo como el “Logos encarnado” y como un “espíritu de Alá” y que vivió lo que enseñó. Mahoma, después de su muerte, no ascendió al cielo sino que sigue esperando en un lugar intermedio el Día del Juicio, no está salvado todavía; no está viviendo con Dios. ¿Cómo no esperar, entonces, que el resto de los musulmanes vivan con miedo e incertidumbre la espera del juicio?

Cristo ha resucitado, su tumba está vacía, la de Mahoma se encuentra en Medina con los huesos del profeta. Cristo está en su lugar a la derecha de Dios, Mahoma no está con Dios. El fundador del Islam era solo un hombre, limitado, impuro, culpable y mortal, y permanece en la tumba. Cristo vive, Mahoma está muerto.

Las revelaciones

Mahoma era rico y respetable pero vivía bajo presión. Escuchó a predicadores cristianos y recogió de ellos un mensaje, a su modo de entender, terrible: Alá va a venir pronto para el juicio. La idea del Juicio es recogida en el Islam como el propósito de toda la historia y la conclusión de toda existencia: el hombre está en la tierra para servir a Alá y ser juzgado al final. Impactado, no esperó a escuchar el resto del mensaje de la gracia de Dios en Cristo, sino que corrió aterrorizado al desierto para meditar sobre la cuestión. Toda su culpa apareció ante él. En su meditación le pareció escuchar una voz: “¡Recita en el nombre de tu Señor!”

¿Quién inspiró a Mahoma y de dónde procedían estos mensajes? Los habitantes de La Meca le llamaron mago y endemoniado, como a persona perturbada mental. La extraña conducta de Mahoma no es negada por el Corán sino que le da una explicación espiritual. Algunos opinan que fue un epiléptico y que oía voces durante sus ataques que él interpretaba como revelaciones. Por otro lado, dos tercios de los textos del Corán son historias distorsionadas del Antiguo Testamento que Mahoma adaptó a su sistema de creencias y los consideró como pura revelación. Otras revelaciones, según Mahoma, le venían directamente de Dios por medio del ángel Gabriel en los momentos más insospechados. Alá le hablaba y él retenía y recitaba exactamente el mensaje.

Pero, ¿cómo el mismo ángel Gabriel podía ser enviado por Dios a La Meca 610 años después del nacimiento de su Hijo para decirle a Mahoma que Él, Dios, no tenía ningún hijo? Tampoco pudo revelarle que Jesús no fue crucificado, cuando el único propósito de la encarnación del Verbo era reconciliar al mundo con Dios mediante la cruz. Por tanto: si Mahoma recibió revelaciones, no procedían de Dios. Si escuchó voces reales, eran voces de espíritus. Si fue falsamente instruido por sus coetáneos, fue víctima de sectas cristianas o de judíos anticristianos. Es decir que, el espíritu que habla hasta hoy en el Corán no es un espíritu santo divino sino un poder impío que mantiene cautivos a 1.000 millones de musulmanes. Una fe, como la predicada por Mahoma, fruto de su invención, es una contradicción. Una religión que se hace a sí misma resulta un invento de las construcciones mentales de su mentor y un instrumento de sus propios deseos.

También Jesús fue conducido al desierto pero no para buscar respuestas a la cuestión de la culpa, sino para discernir los espíritus y vencer a Satanás. Los demonios le tenían miedo y cuando alguien intentaba apartarle de su misión le reprendía severamente. Ni fue arrogante ni cayó en la trampa de Satanás. No actuó como un tirano sino que se manifestó como Palabra de su Padre. No habló como si estuviera en trance sino que siempre permaneció amable, lleno de gracia y verdad. Su misma familia sospechaba que estaba loco y sus enemigos le trataron de endemoniado pero Él nunca se condujo de esta manera. Ungido por el Espíritu Santo, no actuó como un profeta sino que Él mismo era la palabra de Dios encarnada. No trajo una revelación, Él era la revelación en persona.

El Corán y el Nuevo Testamento

Así como judíos y cristianos tenían un libro sagrado, Mahoma ansiaba tener un libro que justificara la validez de su fe y sirviera como resumen de todos los mandatos. Mahoma era analfabeto. Nunca tuvo acceso directo a ninguna fuente bíblica y dependía totalmente de las tradiciones orales. Los relatos bíblicos han sido tergiversados en el Corán, según lo que Mahoma oía de los judíos y cristianos de su zona. Los grupos cristianos de La Meca defendían desviaciones esenciales del Nuevo Testamento. Los judíos no siempre le transmitieron con fidelidad la Torá.

El Islam asegura que el Corán no fue compuesto por Mahoma sino que Alá se lo dictó palabra por palabra. Por ello es considerado como la mayor aproximación de Alá a la humanidad y el libro es tratado con sumo respeto. Las suras de La Meca son más breves que las de Medina; aquellas son más proféticas, estas están escritas con advertencias y amenazas. En ningún caso contienen una visión para el futuro ni palabras de consuelo.

Después de la muerte de Mahoma circularon varias versiones y se extendieron muchas afirmaciones posteriores que se le atribuían a él. Fue el tercer califa el que recopiló las tradiciones orales para formar el Corán. En él Mahoma se declara como la culminación absoluta del linaje de los profetas; los anteriores a él solo habrían recibido una parte de la revelación; él recibió la parte más importante y definitiva. Habla de que el Nuevo Testamento falsificó muchos hechos, pero no justifica esta afirmación. No reconoció ni la Torá ni el Nuevo Testamento, sino que solo sus propias revelaciones eran la medida adecuada. Todo en lo que judíos y cristianos no están de acuerdo con el Corán está considerado como una falsificación de la verdad.

La diferencia entre el Corán y el Evangelio es enorme. Las revelaciones a Mahoma se han convertido en un libro, la revelación de Dios en Cristo apareció como una persona. Mahoma asegura haber recibido pasivamente sus revelaciones de Alá. Jesús mismo es el Revelador de Dios. El Corán presenta las leyes de Alá. Cristo mismo es el dador de la ley. Mahoma habla del perdón de Alá. Jesús en persona es el que perdona.

Los musulmanes creen en las revelaciones del Corán, los cristianos en Cristo resucitado. El Corán presenta los mensajes de Mahoma, El Evangelio es el testigo ocular de una persona: tras sus palabras no existe un dios desconocido y distante como Alá, sino un Dios que se hizo hombre y dio su vida por nosotros. El fin de nuestro conocimiento no es un libro que ha de ser recitado de memoria, sino Cristo mismo, el que nos ama.

El Corán, dictado de Alá hasta la última letra, es considerado comprensible y sin necesidad de explicación. Ha de ser memorizado en árabe aunque no se conozca el árabe, porque no es importante entender o no, sino conservarlo en la mente. No hay pensamiento activo y analítico, sino aceptación, sumisión y asimilación pasiva. Una interpretación de las suras sería considerada como orgullo insolente contra Alá, porque la comprensión del hombre no puede estar por encima de la palabra de Dios. No hay libre pensamiento en el Islam, solo sumisión incondicional al Corán.

Los cristianos no han de memorizar la Biblia, sino estudiarla activamente, investigar, orar, meditar… La fe y el pensamiento crítico son las fuentes de nuestra cultura, no la aceptación pasiva del Evangelio. No es un conocimiento estático sino amor en acción. Razón y fe van de la mano. Los cristianos no han quedado anclados en la historia sino que reviven el evangelio escuchando la voz del Señor en los problemas de cada día. La Biblia no es un ídolo sino el lugar en donde Cristo se encuentra con su Iglesia a través del Espíritu. El amor de Cristo abre a sus seguidores a un pensamiento activo que rige su vida. El musulmán memoriza, el cristiano piensa e investiga.

Fuente: Ramón Domínguez

 

 

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