La evangelización hoy es una tarea apremiante, rompedora, verdaderamente profética. Evangelizar es un acto de amor, de compasión, de alabanza a Dios y de misericordia con el hermano necesitado. La verdad de la evangelización depende de la renovación espiritual de la Iglesia y tiene que ser obra de discípulos fieles, entusiasmados con la persona y el mensaje de Jesús, desprendidos del mundo, libres de toda consideración humana, arrebatados por el Espíritu Santo, movidos por amor a Jesucristo y a los hermanos, con el corazón puesto en la vida eterna, dispuestos literalmente a dar la vida por el Evangelio y el Reino de Dios.

Con tan solo 5 panes y 2 peces, Jesús fue capaz de alimentar a una muchedumbre (Marcos 6:34-44). Este episodio tan conocido nos enseña que hoy también nos encontramos ante una gran cantidad de personas que caminan en la vida “como ovejas que no tienen pastor” (Marcos 6:34). Jesús se compadece de ellas y nos pide a nosotros: “Dadles vosotros de comer” (Marcos 6:37). Existe un hambre que no es de pan y una pobreza que va más allá de la carencia de medios; por eso, hemos sido llamados a entregar lo poco que somos y tenemos, 5 panes y 2 peces, y ponerlo en común para que así pueda llegar a muchos el alimento de la Palabra de Dios (Mateo 4:4), la Buena Noticia de Jesucristo, el Evangelio.

Consideramos que el fruto de una auténtica y verdadera adoración perpetua en la Iglesia debe ser una evangelización perpetua o permanente. Es el momento de trabajar desde una espiritualidad de comunión, en la diversidad de dones y carismas, para remar juntos mar adentro y echar las redes (Lucas 5:4). Cuando se trata de soñar para Dios no nos queremos conformar con lo que tenemos ahora o estamos haciendo en estos momentos, sino que buscamos hacer una diferencia que expresa nuestra compasión por las almas.

Deseamos formar grupos que se levanten como “valientes guerreros” (Jueces 6:12), dispuestos a vivir como auténticos “discípulos misioneros” (Evangelii Gaudium 24; 120) que lleven esperanza a esta generación, entregando sus vidas al Señor al servicio de una evangelización permanente. Hombres y mujeres que estén dispuestos, por amor a Dios y a los hermanos, a salir a las calles y estar en lugares públicos (centros comerciales, parques, aeropuertos, etc.), visitar hogares y abrir capillas e iglesias en horarios fuera del culto, para dar acogida a cuantos se acerquen. Se trata de crear y consolidar pequeñas comunidades que sean acogedoras y acompañen a los nuevos evangelizados, al estilo de los Hechos de los Apóstoles, y siempre en comunión con el obispo de la Diócesis (Hechos 2:42-47; 4:32-37).

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Si vivimos con pasión nuestra fe y actuamos con visión, la evangelización será consecuencia natural y coherente de nuestro amor a Dios y al prójimo; el gran mandamiento o gran comisión (Mateo 28:16-20; Marcos 16:15; Lucas 24:47; Juan 17:18; 20:21) es lo que ilumina y da sentido al primer mandamiento (Mateo 22:37-38) y al mandamiento nuevo (Juan 13:34).  Por eso buscamos capacitar, inspirar y motivar a cuantos sea posible. Si crees que ya es tiempo de dar gratis lo que has recibido gratis, y de empezar a cambiar la historia en este país… te invitamos a poner tu granito de arena que, unido al de los demás, tendrá un efecto multiplicador porque es Dios quien está en la “jugada” y el gran protagonista de esta historia de salvación que ha entrado ya en este nuevo tercer milenio.

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