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La formación nos ayuda a dar respuestas y explicar el por qué de nuestra fe; es decir, explica y justifica lo que creemos, pero también expone los errores con el fin de proteger la integridad de la verdad. Por supuesto que nuestra tarea no consiste en vencer con los argumentos sino conquistar almas, presentando una fe razonada y razonable que sea accesible a todos.

Porque se ama mejor cuando se conoce más, necesitamos formarnos y profundizar en aquello en lo que creemos para poder compartir y defender nuestra fe. La formación es una manera efectiva de compartir y justificar nuestra fe; por eso es tan importante prepararse bien, ya que nadie puede dar de lo que no tiene.

“Y ¿quién os hará mal si os afanáis por el bien? Mas, aunque sufrierais a causa de la justicia, dichosos de vosotros. No les tengáis ningún miedo ni os turbéis. Al contrario, dad culto al Señor, Cristo, en vuestros corazones, siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza. Pero hacedlo con dulzura y respeto. Mantened una buena conciencia, para que aquello mismo que os echen en cara, sirva de confusión a quienes critiquen vuestra buena conducta en Cristo.” (1 Pedro 3:13-16)

Esto no contradice el ideal ecuménico sino que lo complementa, ya que trata de preservar la unidad que existe en la Iglesia. El ecumenismo que es verdadero promueve la unidad verdadera. Hoy vivimos tiempos en los que todos ansiamos la unidad plena de todos los cristianos; pero la unidad, decía Juan XXIII, no puede venir del sacrificio de parte de la verdad, sino de un profundizar más en el conocimiento de la verdad. No se puede sacrificar una parte de la verdad para buscar una unión engañosa.

La unidad es la perfección del amor; por eso, Jesucristo ha querido que su Iglesia fuese una para hacer de ella el sacramento del Amor de Dios a los hombres. Si en el curso de los siglos, la Iglesia ha sido lacerada muchas veces por divisiones que han llevado a muchos de sus hijos a separarse de ella, el Señor le ha dado el singular privilegio de su unidad interior. La Revelación de Jesucristo ha sido dada y entregada, a manera de depósito, a la única Iglesia fundada por Él hace más de 2000 años.

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Textos fundamentales

El criterio bíblico adecuado del que debemos partir es que el depósito sagrado de la Palabra de Dios, la Revelación plena, no se encuentra únicamente en la Biblia. La sola Escritura no es el fundamento de la verdad, sino que es la Iglesia de Dios la auténtica “columna y fundamento de la verdad” (1 Timoteo 3:15). A la Iglesia, que es la plenitud de Cristo por designio de Dios (Efesios 1:22-23), le ha sido encomendada la tarea de custodiar y presentar la verdad, ya que es por medio de ella que podemos conocer la sabiduría divina (Efesios 3:10).

Es necesario destacar que, según la World Christian Encyclopedia (Oxford Univ. 2ª edición, 2001), se estima que existen unas 45.000 “denominaciones cristianas” en todo el mundo. Todas ellas afirman conocer la verdad; sin embargo, defienden doctrinas diferentes entre sí e incluso contradictorias. Cristo fundó una sola Iglesia, la única Iglesia: “Y yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” (Mateo 16:18). El Señor Jesús le mostró a Saulo que, persiguiendo a la Iglesia, le estaba persiguiendo a Él mismo (Hechos 9). Cuando escuchamos y acogemos lo que la Iglesia nos dice, escuchamos y acogemos la Palabra de Cristo; cuando rechazamos lo que nos dice, rechazamos a Cristo mismo (Lucas 10:16).

La unidad de fe y doctrina, además de la historia bimilenaria de la Iglesia, nos dan los criterios objetivos para identificar donde se encuentra el fundamento de la verdad. La Iglesia de Jesucristo nunca ha dejado de ser visible y estar presente a lo largo de la historia de veinte siglos (Mateo 28:20) y el que la inició afirmó: “Y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (Mateo 16:18). A pesar de las luces y sombras la Iglesia prevalece en pie después de más de 2000 años, porque es su obra y no de los hombres.

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Religiones y sectas

Junto a la Iglesia Católica, con más de veinte siglos de historia, y las iglesias ortodoxas, debemos distinguir lo que son las iglesias surgidas de la reforma protestante del siglo XVI de los nuevos movimientos religiosos que han ido apareciendo durante los siglos XIX y XX. Es nuestro deseo aportar información acerca de aquellos grupos, considerados sectarios, que presentan alguna de estas características:

  • Tienen otra interpretación o “revelación” que los hace únicos y diferentes al resto
  • Existe un líder (pseudomesías, iluminado) o cuerpo de gobierno (maestros, intermediarios) que ejercen un peso excesivo en sus adeptos y en la marcha del grupo
  • Hay técnicas coercitivas de lavado de cerebro y dependencia psicológica que se pueden manifestar de manera muy sutil

Consideramos que debemos ser capaces de diferenciar el pluralismo religioso, un derecho que todo ciudadano tiene como expresión de la libertad religiosa, de todo aquello que puede resultar perjudicial para la libertad e integridad de las personas.

“Para la libertad nos ha liberado Cristo. Manteneos, pues, firmes, y no dejéis que vuelvan a someteros a yugos de esclavitud.” (Gálatas 5:1)

Citamos a continuación algunas de las sectas más conocidas, más extendidas o con mayor alcance a nivel internacional, con enlace de información:

sectas

 

¿Todas las religiones son iguales?

Las religiones son la manifestación y la expresión del ser humano por llegar a Dios, mientras que el cristianismo es la manifestación del deseo de Dios por alcanzar el corazón del ser humano por medio de Jesucristo. Para ello, Dios se abajó y se acercó tanto a nosotros que se hizo hombre; uno como nosotros, igual en todo excepto en el pecado. Este es el gran misterio de amor, la Encarnación de Dios, el Dios único que ha tomado nuestra condición (Juan 1:1-14; Filipenses 2:6-11; Colosenses 1:15-20).

“Jesús dijo: Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí.” (Juan 14:6)

El hecho de que Jesús sea el único camino a Dios no quiere decir simplemente que eliminamos a todas las demás religiones como equivocadas o diabólicas. La afirmación de Jesús no quiere decir que algunas partes de la verdad no se puedan encontrar en otras religiones:

  • Dios se ha revelado parcialmente en la creación y la cúspide de su creación es la vida humana; por tanto, la evidencia que nos ofrece la creación está a disposición de todos y puede ser encontrada en otras religiones
  • El ser humano, creado a imagen de Dios, tiene una conciencia que le permite distinguir el bien del mal; por tanto, no es de sorprender que la “regla de oro” (trata a los demás como quieres que ellos te traten a ti – Mateo 7:12) esté contenido en casi todas las religiones
  • En cada corazón humano hay un hambre de Dios (Eclesiastés 3:11), un vacío con la forma de Dios que nada ni nadie más lo puede llenar; por tanto, es comprensible que encontremos cosas buenas en muchas religiones, debido a que ese hambre nos lleva a buscar a Dios

Sin embargo, también es ilógico afirmar que todas las religiones son igualmente verdaderas, así como que todas las religiones llevan a Dios. Ninguno de nosotros puede encontrar a Dios por sí mismo, pero Dios mismo es quien se ha revelado en la persona de Jesús que es “la verdad”. Solo en Jesucristo podemos encontrar esa verdad infalible y plena. Por tanto, al comparar las otras religiones con la Revelación de Dios en Jesucristo, veremos que contienen tanto verdad como error.

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Leyendas negras de la Iglesia

Detrás de los ataques a la Iglesia nos encontramos, en primer lugar, con el mal que hay en el corazón humano a causa del pecado y que en ocasiones puede llevarnos a odiar todo lo que viene de Dios. En segundo lugar, la ignorancia, la falta de formación y el haber creído cierta información sin haberla hecho pasar previamente por el sano filtro de la razón o contrastándola con datos alternativos de otras fuentes más fiables y documentadas.

Hay que tener en cuenta que a Jesús le persiguieron y condenaron por decir únicamente la verdad; se le odiaba por poner el amor por encima de las leyes, de lo políticamente correcto y de la mera apariencia. Sus primeros seguidores no corrieron mejor suerte; los apóstoles acabaron sus días en el martirio, al igual que incontables cristianos que fueron perseguidos, en ocasiones torturados y finalmente ejecutados por no querer negar a Jesucristo. Los que sufrieron persecución siempre fueron los mismos, los cristianos; pero los perseguidores han ido cambiando a lo largo de la historia: algunos grupos judíos, el Imperio Romano, los pueblos bárbaros, la dominación islámica, la Revolución Francesa, ciertos filósofos y pensadores, la Masonería y el gnosticismo, el yihadismo, etc.

(MAS INFORMACION/LIBRO I RECOMENDADO)

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