Sola en Navidad

Estaba evitando a toda costa pensar en la Navidad. Me horrorizaba cómo me iba a sentir cuando llegara el día, y esperaba contra toda esperanza que se apareciera un ángel y lo solucionara todo. Hasta intenté convencerme de que era una fecha como cualquier otra, nada del otro mundo, imaginándome que así se disiparía mi soledad. Pero no había escapatoria: el ambiente navideño me rodeaba por todas partes, y estaba sola. No tenía a nadie con quien hablar y reír, nadie que me deseara «Feliz Navidad». Estaba cada vez más deprimida. Eso era lo que más me aterraba.

Para mantener la mente ocupada y no ponerme triste, procuré recordar momentos felices. Entre otras cosas, me acordé de mi profesor de catequesis. Era muy simpático y cordial, pasaba mucho tiempo con los niños y tenía el don de hacerlo todo entretenido. Nos decía que Jesús era la alegría de su vida. No dejaba de resonarme en la cabeza el consejo que me había dado en cierta ocasión: «Lleva a Jesús contigo dondequiera que vayas».

Me puse a reflexionar. ¿Daría resultado? Estaba sola. Nadie se enteraría. Así que decidí pasar el día con mi amigo Jesús.

Lo hicimos todo juntos: tomamos chocolate caliente frente a la chimenea, paseamos por la calle, hablamos de lo bonito que era el mundo, nos reímos y saludamos a la gente al pasar. Casi podía sentir Su brazo en mi cintura y oír Su voz. Con susurros inaudibles me dijo que me amaba, a mí en particular. Me aseguró que siempre sería Mi amigo. No sé por qué, pero tuve la certeza de que jamás volvería a estar sola.

Cuando me acosté a dormir esa noche, me sentía muy feliz. Estaba muy tranquila y contenta. Era extraño, pero por otra parte, no tanto. Había pasado el día con Jesús, y esperaba que todo el mundo hubiera disfrutado de una Navidad tan dichosa como yo.


“No estoy sola para nada —pensé—; en ningún momento lo he estado”. Ese es, por supuesto, el mensaje de la Navidad: que nunca estamos solos. Ni en la noche más lóbrega, ni cuando el viento sopla más helado, ni cuando el mundo parece más indiferente. Este sigue siendo el momento escogido por Dios. (Taylor Caldwell)

Vivian Patterson

 

 

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