Somos el Pueblo de la Pascua

“No se abandonen a la desesperación. Somos el pueblo de la Pascua, y nuestro canto se entona entre aleluyas” (Papa Juan Pablo II).

“Un hombre completamente inocente se ofreció como sacrificio por el bien de los demás, incluidos sus enemigos, y así pagó el rescate del mundo. Fue una acto perfecto” (Mahatma Gandhi).

La esperanza cristiana es fe que aguarda el cumplimiento de las promesas de Dios. La esperanza cristiana es una certeza, garantizada por Dios mismo. Expresa el conocimiento de que el creyente, cada día de su vida y en cada momento del más allá, puede asegurar sinceramente —en base al compromiso adquirido por Dios— que lo mejor aún está por venir (Jim Packer).

“Lo que sucede en el momento de la muerte de un cristiano no es motivo de especulación, sino una certidumbre basada en la verdad. Un hecho histórico extraordinario cambió el concepto de lo que es la vida después de la muerte, trasladándolo del terreno de las conjeturas al de los hechos verificables. El apóstol Pablo afirma abierta y claramente el motivo de su confianza: «Sabemos que aquel que resucitó al Señor Jesús nos resucitará también a nosotros con Él y nos llevará junto con ustedes a Su presencia» (2 Corintios 4:14). La resurrección de Jesucristo sienta un precedente para la de todos los que estamos en Cristo. Dicho de otro modo, nuestra futura resurrección se basa en la historicidad de la de Cristo. La resurrección de Jesucristo no es un tema tangencial, sino central y crucial para la fe cristiana. […] El hecho de que Jesús esté vivo y fije Su hogar en nosotros no solo cambia nuestra perspectiva de la otra vida, sino también de la actual, porque solo sabemos de veras lo que es vivir libres a partir del momento en que estamos preparados para encarar la muerte. La fe cristiana no es escapismo; es vivir en el presente, con el amor, la fortaleza y la sabiduría que nos da la presencia de Cristo en nosotros. Y en eso tenemos la confianza de que Aquel que fue levantado de los muertos nos llevará consigo a nuestra morada eterna” (Charles Price).

“Ningún tabloide publicará jamás la desconcertante noticia de que se ha descubierto en la antigua Jerusalén el cuerpo momificado de Jesús de Nazaret. Los cristianos tampoco guardan celosamente en una vitrina un cuerpo embalsamado para adorarlo. Su sepulcro —a Dios gracias— está vacío. La tumba vacía proclama el hecho glorioso de que nuestra vida no acabará al momento de morir. La muerte no es una pared; es una puerta” (Peter Marshall).

 

 

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